Cornicabras
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Las laderas de los montes están cubiertas por un bosque bajo de encinas y
cornicabras, que en esta época del año salpican de ocres y rojos el
paisaje. En l...
sábado, 30 de abril de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
Bicicrítica de Abril
La Bicicrítica de este mes ha tenido una diferencia con la de Marzo, y es la visible presencia de policía. Estaban situados conteniendo el tráfico en los puntos estratégicos del centro y vigilándonos disimuladamente a lo largo del recorrido, mientras que la anterior vez, íbamos solos y descontrolados por la ciudad.
O quizá es porque la otra vez iba arrimado al grupo de cabeza y ésta vez me dejé caer más hacia el centro, y se ven cosas distintas.
Al poco de comenzar la marcha se realizó un giro de 180 grados en Atocha, para regresar por el carril contrario al punto de partida, Cibeles, lo que permitió que la cabeza de la serpiente ciclista se viera la cola.
Luego enfilamos hacia Gran Vía y dimos una vuelta ocupando las principales arterias céntricas, desfilando entre numerosos atascos de vehículos, entre pitadas y ovaciones, para finalmente poner rumbo a Puente de Vallecas, donde terminó esta edición.
Esta vez ví menos conatos violentos contra los vehículos que quedaban envueltos por la masa, aunque no faltaron las humaredas de marihuana, los del club de la litrona sobre ruedas, y los del "comando testosterona" dando saltos y driblando entre los demás ciclistas con sus bicis de "freestyle".
"Qué bonito ese casco... ese casco azul con hojas de marihuana" suspiraba una chica que hacía un rato jaleaba una retahíla de reivindicaciones y consignas prociclistas, y a continuación su compañero respondía con un "sí" eructado.
O quizá es porque la otra vez iba arrimado al grupo de cabeza y ésta vez me dejé caer más hacia el centro, y se ven cosas distintas.
Al poco de comenzar la marcha se realizó un giro de 180 grados en Atocha, para regresar por el carril contrario al punto de partida, Cibeles, lo que permitió que la cabeza de la serpiente ciclista se viera la cola.
Luego enfilamos hacia Gran Vía y dimos una vuelta ocupando las principales arterias céntricas, desfilando entre numerosos atascos de vehículos, entre pitadas y ovaciones, para finalmente poner rumbo a Puente de Vallecas, donde terminó esta edición.
Esta vez ví menos conatos violentos contra los vehículos que quedaban envueltos por la masa, aunque no faltaron las humaredas de marihuana, los del club de la litrona sobre ruedas, y los del "comando testosterona" dando saltos y driblando entre los demás ciclistas con sus bicis de "freestyle".
"Qué bonito ese casco... ese casco azul con hojas de marihuana" suspiraba una chica que hacía un rato jaleaba una retahíla de reivindicaciones y consignas prociclistas, y a continuación su compañero respondía con un "sí" eructado.
viernes, 22 de abril de 2011
La Rebelión de Atlas
Cuando hablamos de historias de denuncia social y distopía, normalmente nos imaginamos una visión desde el punto de vista del humilde trabajador explotado por los de arriba.
"La Rebelión de Atlas", que originalmente pretendía titularse "La Huelga", nos propone una huelga distinta. Se trata de una huelga de los emprendedores, de los inventores, de los empresarios en contra de sus explotadores: los vagos, los holgazanes, los cobrasubvenciones, los políticos, los legisladores, los especuladores, los accionistas...
En definitiva, una huelga de los productores de bienes contra los saqueadores.
Nos plantea esta pregunta: ¿Qué ocurriría si los más válidos decidieran rendirse y dejar de producir, así sin más? ¿Qué ocurriría si Atlas, el titán condenado por Zeus a cargar sobre sus espaldas el peso del mundo, decidiera abandonar su puesto? ¿Quién soportaría el peso del mundo? ¿Quién produciría los bienes de cuyo saqueo vive la mayor parte de una sociedad subvencionada y victimista?
La autora, Alisa Zinovievna Rosenbaum, nacida en San Petersburgo, detestaba su país, Rusia, a partir del régimen socialista que se apoderó de él y que expropió las posesiones de su padre para "colectivizarlas". En 1925 logra un visado para Estados Unidos donde se establecerá con un nuevo nombre: Ayn Rand.
Dagny Taggart es la heredera de una importante empresa de ferrocarriles americana, junto a su hermano Jim.
Jim tiene la cabeza impregnada de ideas socialistas, de deber social, que le llevan, por ejemplo, a trazar tramos ferroviarios por zonas de excasa demanda, donde tan sólo existen unas pocas granjas dispersas, ya que "esa gente también tiene derecho a recibir un servicio de ferrocarril".
Dagny, en cambio, sólo piensa en lo que es mejor para su ferrocarril, y centra todos sus esfuerzos en competir con las otras compañías ferroviarias para mantener las líneas que sirven a las grandes industrias, las más lucrativas.
Pero el mundo está cambiando, las ideas socialistas como las que flotan en la cabeza de Jim se están apoderando de todos los países del mundo, y, primero las asociaciones gremiales, y luego la nueva clase política, empiezan a aplicarlas imponiendo sus propias reglas del juego:
LEY DE IGUALDAD DE OPORTUNIDADES
Mediante la cual se limita la producción de los grandes industriales para que otros empresarios más pequeños puedan competir. Se dicta cuánto pueden producir, a quién tienen que vender, cuánto pueden comprar, cuánto pueden expandirse...
En el tema ferroviario, se regula la competencia, se obliga a dar servicio a zonas poco rentables, así como a reducir la velocidad y el número de vagones de los trenes de las líneas más eficaces para que las compañías menos eficaces puedan competir con ellas, además de dar trabajo a más personal al tener que hacer más -inútiles- viajes.
El resultado empieza a verse como pérdidas económicas por todas partes, e industrias que dejan de ser rentables. El gobierno lo soluciona todo con subvenciones, mantiene un modelo insostenible subvencionando a los parásitos e inútiles con el dinero que saquea a los empresarios que consiguen seguir siendo eficaces a pesar de las trabas.
La cantidad de leyes restrictivas con excusas sociales e igualitarias crece sin parar, y la clase política y sus amigos hacen lucrativos negocios gracias a ellas, poniendo a los empresarios entre la espada y la pared.
La solución a los problemas se convierte en un "tengo un amigo en Washington..." acompañada de un cheque.
Llega a darse el caso de medidas gubernamentales que ahogan a compañías nacionales para favorecer a la competencia de compañías extranjeras en las que los políticos y sus amigos tienen jugosas acciones.
Pero estos Atlas que soportan sobre sus hombros el peso del mundo, despreciados por la sociedad por su amor al dinero, su obsesión por el beneficio, el trabajo y la industria, su egoismo, son cada vez menos. A medida de que van siendo conscientes de haber sido convertidos por el sistema socialista en esclavos mantenedores de una clase de saqueadores victimistas, se retiran de su puesto y desaparecen. Abandonan sus industrias para que se haga cargo de ellas quienquiera que lo desee.
Los trabajadores eficaces, los productivos, van huyendo dejando los puestos en manos de los incompetentes, hasta que en vista de la ineficiencia y la ruina, el gobierno se ve en la tesitura de declarar un Estado de Emergencia que impide a los trabajadores abandonar su puesto o reducir la producción, constituyendo la desobediencia un delito.
Como en toda ficción con intenciones propagandísticas, el autor sienta unas bases que apoyen a sus teorías.
Así, el mundo que describe Ayn Rand (que recordemos, odia a muerte el socialismo de su Rusia natal) está formado por una pequeña élite de emprendedores, demonizados por el resto de la sociedad por su éxito y amor al dinero, y una cohorte de vagos e incompetentes que se atribuyen a sí mismos excelentes cualidades humanas, por no dar tanta importancia al dinero, a pesar de que viven de explotar y saquear a los emprendendores, pues ellos no producen nada.
Los primeros son únicos e irremplazables. De modo que, si por ejemplo, el magnante del petróleo de turno se retira de su puesto, no quedará nadie más en el mundo capaz de obtener petróleo con tanta eficiencia, y el mundo se quedará sin petróleo.
Partiendo de estas premisas, de personajes insustituíbles, el sistema económico va colapsando a medida que se van retirando todos estos industriales e ingenieros productores de los bienes de la sociedad y los incompetentes se quedan solos a cargo de los medios de producción.
En el mundo de Ayn pareciera que los recursos son infinitos y las personas capaces de utilizarlos limitadas, cuando yo pienso que es al revés: en el mundo los recursos son limitados y las personas capaces de utilizarlos (o dispuestas a apropiarse de ellos) infinitas.
Cada vez que una persona está explotando y apropiándose de un recurso, está impidiendo que el resto haga lo mismo. El empresario que explota 20.000 hectáreas crea un bien que otras personas podrán comprar, pero a la vez está impidiendo a esas personas explotar esas 20.000 hectáreas como hace él.
Este empresario está creando por un lado riqueza para el mercado económico, pero a la vez, la ocupación y privatización que ejerce sobre ese territorio está creando escasez.
Se puede entender muy bien con un ejemplo:
Me acerco a la orilla del mar, donde encuentro un pescador que acaba de llegar de faenar, y me vende un pescado. Ese hombre ha creado un bien, y yo se lo compro.
Al día siguiente decido fabricarme mi propio barco y pescar mi propio pescado. Entonces aparece ese pescador y me dice que el mar es suyo, que no puedo producir mis propios bienes (pescar) en esa mancha de agua, sólo comprárselos a él. Me voy a otro mar, y tanto de lo mismo, pertenece a otro pescador, no se me permite pescar ahí.
El pescador que en principio parecía que creaba riqueza para mí, cuando cambio mi actitud pasiva de consumidor por la activa de productor, resulta que me está creando escasez y privación.
Para que la idea de Ayn Rand fuera cierta al 100% el mundo debería ser infinito, de modo que el hecho de que un intrépido emprendedor fuera capaz de localizar y extraer cantidades ingentes de petróleo, no impidiera que otros hicieran lo mismo, en otro lejano lugar del que aún nadie fuera dueño.
Pero la realidad es que el reparto del mundo no tiene en cuenta a todos los posibles usuarios presentes, y mucho menos a los futuros. No se trata de vivir del trabajo de los más eficaces, sino de que los más eficaces trabajen sólo su parcelita, dejando libres otras parcelitas para que los que vengan detrás también tengan un terruño físico e intelectual en el que ser productores y actores, sin verse reducidos al papel de consumidores-espectadores, y mucho menos pagar una renta a un parásito intermediario entre la propiedad del mundo y el derecho de trabajarlo.
Pero resulta que ni todos los terruños son iguales ni valen para lo mismo, luego el problema del reparto de oportunidades de producción (que no de competencia) para evitar tener que recurrir a estas leyes intervencionistas sobre lo ya producido que compensan la incompetencia y sancionan la eficacia sigue ahí.
Si cualquiera pudiera explotar todos los recursos de que fuera capaz y aun así quedaran todavía suficientes para las demás personas presentes y futuras, si cada cual pudiera pensar e inventar las ideas de que fuera capaz, sin por ello impedir que otros también las tuvieran por su cuenta en otra fecha... entonces no haría falta ninguna ley que le quitara a uno para darle a otro, pues la riqueza que cada cual consiguiera con su talento y trabajo no estaría creando escasez ni mermando las posibilidades productivas de los demás.
Lo más parecido a esto sería vivir en planos dimensionales separados.
A pesar de esta pequeña crítica, a grandes rasgos estoy muy de acuerdo con la teoría del parasitarismo victimista (ella no lo llama así, pero yo lo resumiría de esa forma) que Ayn Rand denuncia en este libro. El lema socialista: "De cada cuál según su capacidad, a cada cuál según sus necesidades", conduce a un sistema en el que la incompetencia es recompensada y la eficacia castigada. El eficaz (con alta capacidad y bajas necesidades), si no huye mientras pueda, será explotado al máximo, será convertido en el esclavo que sustente al inútil (de baja capacidad y altas necesidades).
¿Quién es John Galt?
"La Rebelión de Atlas", que originalmente pretendía titularse "La Huelga", nos propone una huelga distinta. Se trata de una huelga de los emprendedores, de los inventores, de los empresarios en contra de sus explotadores: los vagos, los holgazanes, los cobrasubvenciones, los políticos, los legisladores, los especuladores, los accionistas...
En definitiva, una huelga de los productores de bienes contra los saqueadores.
Nos plantea esta pregunta: ¿Qué ocurriría si los más válidos decidieran rendirse y dejar de producir, así sin más? ¿Qué ocurriría si Atlas, el titán condenado por Zeus a cargar sobre sus espaldas el peso del mundo, decidiera abandonar su puesto? ¿Quién soportaría el peso del mundo? ¿Quién produciría los bienes de cuyo saqueo vive la mayor parte de una sociedad subvencionada y victimista?
La autora, Alisa Zinovievna Rosenbaum, nacida en San Petersburgo, detestaba su país, Rusia, a partir del régimen socialista que se apoderó de él y que expropió las posesiones de su padre para "colectivizarlas". En 1925 logra un visado para Estados Unidos donde se establecerá con un nuevo nombre: Ayn Rand.
Dagny Taggart es la heredera de una importante empresa de ferrocarriles americana, junto a su hermano Jim.
Jim tiene la cabeza impregnada de ideas socialistas, de deber social, que le llevan, por ejemplo, a trazar tramos ferroviarios por zonas de excasa demanda, donde tan sólo existen unas pocas granjas dispersas, ya que "esa gente también tiene derecho a recibir un servicio de ferrocarril".
Dagny, en cambio, sólo piensa en lo que es mejor para su ferrocarril, y centra todos sus esfuerzos en competir con las otras compañías ferroviarias para mantener las líneas que sirven a las grandes industrias, las más lucrativas.
Pero el mundo está cambiando, las ideas socialistas como las que flotan en la cabeza de Jim se están apoderando de todos los países del mundo, y, primero las asociaciones gremiales, y luego la nueva clase política, empiezan a aplicarlas imponiendo sus propias reglas del juego:
LEY DE IGUALDAD DE OPORTUNIDADES
Mediante la cual se limita la producción de los grandes industriales para que otros empresarios más pequeños puedan competir. Se dicta cuánto pueden producir, a quién tienen que vender, cuánto pueden comprar, cuánto pueden expandirse...
En el tema ferroviario, se regula la competencia, se obliga a dar servicio a zonas poco rentables, así como a reducir la velocidad y el número de vagones de los trenes de las líneas más eficaces para que las compañías menos eficaces puedan competir con ellas, además de dar trabajo a más personal al tener que hacer más -inútiles- viajes.
El resultado empieza a verse como pérdidas económicas por todas partes, e industrias que dejan de ser rentables. El gobierno lo soluciona todo con subvenciones, mantiene un modelo insostenible subvencionando a los parásitos e inútiles con el dinero que saquea a los empresarios que consiguen seguir siendo eficaces a pesar de las trabas.
La cantidad de leyes restrictivas con excusas sociales e igualitarias crece sin parar, y la clase política y sus amigos hacen lucrativos negocios gracias a ellas, poniendo a los empresarios entre la espada y la pared.
-¿Pensó que no lo sabíamos? -preguntó en el tono sugerente de quien pretende impresionar a un colega en actividades criminales, desplegando ante él una astucia superior- Esperamos mucho tiempo para conseguir algo de usted. Ustedes, los honrados, son un gran problema y una gran complicación, pero sabíamos que tarde o temprano cometería un desliz y esto era simplemente lo que queríamos.
-Parece que está muy complacido.
-¿Acaso no tengo motivos para estarlo?
-Después de todo, violé una de sus leyes.
-Sí, ¿y para qué cree que se dictan?
El Dr. Ferris no notó la súbita expresión que se había pintado en la cara de Rearden, la de quien acaba de ver por primera vez lo que ha estado intentando descubrir desde hace rato. Por su parte, Ferris había superado el estadio de percepción y estaba concentrado en asestar los últimos y decisivos golpes a un animal atrapado en su trampa.
-¿Realmente pensó que queremos que esas leyes se cumplan? -preguntó- Lo que queremos es que se quebranten. Es mejor que le quede claro que no está tratando con un grupo de niños exploradores, Sr. Rearden, y ésta no es época para gestos amables. Buscamos poder y vamos directo a él. Ustedes sólo son segundones. Nosotros conocemos los verdaderos trucos y será mejor que lo admitan. No hay forma de gobernar a personas inocentes, porque el único poder que tiene cualquier gobierno es el de lanzarse violentamente contra los criminales. Y bueno: cuando no hay suficientes criminales, los inventamos. Se declaran delictivos tantos actos, que es imposible que la gente viva sin quebrantar alguna ley. ¿Quién quiere una nación de ciudadanos respetuosos de la ley? ¿De qué sirve eso? Pero si uno dicta leyes que nadie puede respetar, que es imposible hacer cumplir, y que no pueden interpretarse de manera objetiva, inmediatamente se crea una nación de transgresores y, enseguida, se puede caer sobre los culpables. Así es el sistema, Sr. Rearden, así es el juego, y en cuanto lo haya comprendido, será usted mucho más fácil de tratar.
La solución a los problemas se convierte en un "tengo un amigo en Washington..." acompañada de un cheque.
Llega a darse el caso de medidas gubernamentales que ahogan a compañías nacionales para favorecer a la competencia de compañías extranjeras en las que los políticos y sus amigos tienen jugosas acciones.
Pero estos Atlas que soportan sobre sus hombros el peso del mundo, despreciados por la sociedad por su amor al dinero, su obsesión por el beneficio, el trabajo y la industria, su egoismo, son cada vez menos. A medida de que van siendo conscientes de haber sido convertidos por el sistema socialista en esclavos mantenedores de una clase de saqueadores victimistas, se retiran de su puesto y desaparecen. Abandonan sus industrias para que se haga cargo de ellas quienquiera que lo desee.
Los trabajadores eficaces, los productivos, van huyendo dejando los puestos en manos de los incompetentes, hasta que en vista de la ineficiencia y la ruina, el gobierno se ve en la tesitura de declarar un Estado de Emergencia que impide a los trabajadores abandonar su puesto o reducir la producción, constituyendo la desobediencia un delito.
-¿Así que piensa que el dinero es el origen de todos los males? -inquirió Francisco d'Anconia- ¿Se ha preguntado alguna vez cuál es el origen del dinero? El dinero es sólo un instrumento de intercambio que no puede existir a menos que existan bienes y personas capaces de producirlos. Es la forma material del principio según el cual quienes deseen tratar con otros deben hacerlo mediante transacciones, entregando valor por valor. No es instrumento de los pordioseros, que exigen llorando el producto del trabajo ajeno, ni de saqueadores que lo arrebatan por la fuerza; el dinero se hace sólo posible gracias a quienes producen. ¿Es eso lo que considera malvado?
(...)
Permita que le dé un consejo clave sobre el carácter de los seres humanos: quien maldice el dinero, lo ha obtenido de manera deshonrosa, pero quien lo respeta, se lo ha ganado honestamente.
"Huya de quien le diga que el dinero es malvado, pues esa frase es la señal que anuncia la presencia de un saqueador. En tanto los hombres vivamos en sociedad y necesitemos medios para tratar unos con otros, el único sustituto, en caso de abandonar el dinero, serían las armas.
(...)
Entonces verá aparecer a hombres de doble moral: los que se basan en la fuerza, y sin embargo, dependen de quienes viven del comercio para darle valor a su dinero robado. Son los que quieren ser virtuosos gratuitamente, aquellos que en una sociedad moral son los criminales de quienes la ley debería proteger a los demás. Pero cuando una sociedad establece la existencia de criminales por derecho y de saqueadores legales, es decir de personas que utilizan la fuerza para apoderarse de la riqueza de víctimas desarmadas, entonces el dinero se convierte en vengador de su creador.
"Esos ladrones se sienten seguros al robar a indefensos, luego de haber sancionado una ley para desarmarlos, pero su botín se convierte en un imán para otros saqueadores que también se lo arrebatarán de la misma forma como ellos lo hicieron. Entonces el éxito irá, no al más competente en la producción, sino al capaz de la más despiadada brutalidad y crueldad. Cuando la fuerza se convierte en norma, el asesino vence al carterista, y la sociedad desaparece entre ruinas y cadáveres.
"¿Quiere saber si ese día se acerca? Observe al dinero, pues es el barómetro de las virtudes de una sociedad. Cuando vea que el comercio se hace, no por consentimiento de las partes, sino por coerción; cuando advierta que para producir, necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.
(...)
Siempre que aparecen elementos destructores entre los humanos, comienzan destruyendo al dinero, porque éste es la protección del hombre y la base de su existencia moral. Los destructores se apoderan del oro, y entregan a cambio un montón de papel impreso. De esta forma, destruyen todas las normas objetivas de valor y dejan al hombre en las garras de un juez arbitrario. El oro era un valor objetivo, un equivalente a riqueza producida. El papel es una hipoteca sobre riqueza que no existe, respaldada por un arma apuntada al pecho de quienes se espera han de producirla.
"El papel es un cheque librado por saqueadores legales sobre una cuenta ajena: sobre `la virtud de las víctimas'. Espere al día en que ese papel sea rechazado con la leyenda `sin fondos'.
(...)
En la historia de la humanidad, el dinero ha sido siempre botín de los saqueadores, de un tipo o de otro, cuyos nombres fueron cambiando, pero cuyos métodos fueron siempre los mismos: apoderarse del dinero por la fuerza y mantener cautivos a los productores, degradándolos, difamándolos y despojándolos de su honor. Esa frase acerca de la maldad del dinero, que expresa con meticulosa imprudencia, viene de la época en que la riqueza era producida por el trabajo de los esclavos, esclavos que repetían los movimientos inventados con anterioridad por la mente de alguien y que siguieron ejecutándose sin mejora alguna durante siglos. Mientras la producción fue gobernada por la fuerza y la riqueza se consiguió por usurpación, había poco para conquistar. Sin embargo, a lo largo de siglos de miseria y hambre, las personas exaltaron a los saqueadores como aristócratas de la espada, como aristócratas desde la cuna, y más tarde, como aristócratas de la burocracia, despreciando a los productores, como esclavos, comerciantes, vendedores o industriales.
Como en toda ficción con intenciones propagandísticas, el autor sienta unas bases que apoyen a sus teorías.
Así, el mundo que describe Ayn Rand (que recordemos, odia a muerte el socialismo de su Rusia natal) está formado por una pequeña élite de emprendedores, demonizados por el resto de la sociedad por su éxito y amor al dinero, y una cohorte de vagos e incompetentes que se atribuyen a sí mismos excelentes cualidades humanas, por no dar tanta importancia al dinero, a pesar de que viven de explotar y saquear a los emprendendores, pues ellos no producen nada.
Los primeros son únicos e irremplazables. De modo que, si por ejemplo, el magnante del petróleo de turno se retira de su puesto, no quedará nadie más en el mundo capaz de obtener petróleo con tanta eficiencia, y el mundo se quedará sin petróleo.
Partiendo de estas premisas, de personajes insustituíbles, el sistema económico va colapsando a medida que se van retirando todos estos industriales e ingenieros productores de los bienes de la sociedad y los incompetentes se quedan solos a cargo de los medios de producción.
En el mundo de Ayn pareciera que los recursos son infinitos y las personas capaces de utilizarlos limitadas, cuando yo pienso que es al revés: en el mundo los recursos son limitados y las personas capaces de utilizarlos (o dispuestas a apropiarse de ellos) infinitas.
Cada vez que una persona está explotando y apropiándose de un recurso, está impidiendo que el resto haga lo mismo. El empresario que explota 20.000 hectáreas crea un bien que otras personas podrán comprar, pero a la vez está impidiendo a esas personas explotar esas 20.000 hectáreas como hace él.
Este empresario está creando por un lado riqueza para el mercado económico, pero a la vez, la ocupación y privatización que ejerce sobre ese territorio está creando escasez.
Se puede entender muy bien con un ejemplo:
Me acerco a la orilla del mar, donde encuentro un pescador que acaba de llegar de faenar, y me vende un pescado. Ese hombre ha creado un bien, y yo se lo compro.
Al día siguiente decido fabricarme mi propio barco y pescar mi propio pescado. Entonces aparece ese pescador y me dice que el mar es suyo, que no puedo producir mis propios bienes (pescar) en esa mancha de agua, sólo comprárselos a él. Me voy a otro mar, y tanto de lo mismo, pertenece a otro pescador, no se me permite pescar ahí.
El pescador que en principio parecía que creaba riqueza para mí, cuando cambio mi actitud pasiva de consumidor por la activa de productor, resulta que me está creando escasez y privación.
Para que la idea de Ayn Rand fuera cierta al 100% el mundo debería ser infinito, de modo que el hecho de que un intrépido emprendedor fuera capaz de localizar y extraer cantidades ingentes de petróleo, no impidiera que otros hicieran lo mismo, en otro lejano lugar del que aún nadie fuera dueño.
Pero la realidad es que el reparto del mundo no tiene en cuenta a todos los posibles usuarios presentes, y mucho menos a los futuros. No se trata de vivir del trabajo de los más eficaces, sino de que los más eficaces trabajen sólo su parcelita, dejando libres otras parcelitas para que los que vengan detrás también tengan un terruño físico e intelectual en el que ser productores y actores, sin verse reducidos al papel de consumidores-espectadores, y mucho menos pagar una renta a un parásito intermediario entre la propiedad del mundo y el derecho de trabajarlo.
Pero resulta que ni todos los terruños son iguales ni valen para lo mismo, luego el problema del reparto de oportunidades de producción (que no de competencia) para evitar tener que recurrir a estas leyes intervencionistas sobre lo ya producido que compensan la incompetencia y sancionan la eficacia sigue ahí.
Si cualquiera pudiera explotar todos los recursos de que fuera capaz y aun así quedaran todavía suficientes para las demás personas presentes y futuras, si cada cual pudiera pensar e inventar las ideas de que fuera capaz, sin por ello impedir que otros también las tuvieran por su cuenta en otra fecha... entonces no haría falta ninguna ley que le quitara a uno para darle a otro, pues la riqueza que cada cual consiguiera con su talento y trabajo no estaría creando escasez ni mermando las posibilidades productivas de los demás.
Lo más parecido a esto sería vivir en planos dimensionales separados.
A pesar de esta pequeña crítica, a grandes rasgos estoy muy de acuerdo con la teoría del parasitarismo victimista (ella no lo llama así, pero yo lo resumiría de esa forma) que Ayn Rand denuncia en este libro. El lema socialista: "De cada cuál según su capacidad, a cada cuál según sus necesidades", conduce a un sistema en el que la incompetencia es recompensada y la eficacia castigada. El eficaz (con alta capacidad y bajas necesidades), si no huye mientras pueda, será explotado al máximo, será convertido en el esclavo que sustente al inútil (de baja capacidad y altas necesidades).
¿Quién es John Galt?
jueves, 21 de abril de 2011
primavera
![]() |
| sendero entre alfombrado verde en la Casa de Campo |
![]() |
| montes en la Casa de Campo |
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| huellas en el barro |
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| el Imperio Hormiga ha despertado |
![]() |
| Parque Sur del Manzanares |
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| 4-torres desde la Dehesa de Valdelatas (Alcobendas) |
![]() |
| La sierra desde El Pardo. Con intruso volador rojo en medio del plano cercano |
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| Encinas y jaras en flor |
![]() |
| 4-torres desde El Pardo |
jueves, 14 de abril de 2011
Cucú, cantaba la rana
Desde hace unos días las ranas han comenzado su cortejo y no paran de dar la matraca croando día y noche.
En verdad, como en otras especies, son sólo los machos los que cantan, tratando de que su voz se eleve sobre las demás y atraiga hacia él más y mejores hembras sobre las que realizar "el salto del tigre".
La verdad es que estas tácticas de cortejo del tipo de cantar o lucir los colores más llamativos son totalmente suicidas en el medio salvaje, pues exponen al Romeo de turno a los depredadores... capaces de resistir semejante matraca.
En verdad, como en otras especies, son sólo los machos los que cantan, tratando de que su voz se eleve sobre las demás y atraiga hacia él más y mejores hembras sobre las que realizar "el salto del tigre".
La verdad es que estas tácticas de cortejo del tipo de cantar o lucir los colores más llamativos son totalmente suicidas en el medio salvaje, pues exponen al Romeo de turno a los depredadores... capaces de resistir semejante matraca.
lunes, 11 de abril de 2011
Megalópolis hormiguescas
Hay hormigas que sitúan sus hormigueros en cortezas y maderas; las hay que construyen el hogar colectivo en lo alto de los árboles cosiendo unas hojas con otras utilizando a sus ninfas secretoras de seda como máquinas de coser; otras fabrican una especie de cartón, con el que construyen nidos parecidos a los de las avispas; otras son nómadas, avanzan en marabunta arrasando con todo lo que encuentran a su paso, deteniéndose a descansar en contadas ocasiones.
La mayoría de las que conocemos excavan extensas galerías bajo tierra, de cuyo diseño poco podemos saber.
No obstante, existe un ingenioso sistema para sacar moldes tridimensionales de los hormigueros, que emplean los investigadores del vídeo adjunto al final:
Se empieza por verter cemento líquido por la boca principal, en este caso lo hicieron durante 3 días y hasta 10 toneladas, se espera un mes a que fragüe, y entonces se procede a la excavación y limpieza del terreno contenedor, obteniendo así el trazado de galerías y cámaras de la megalópolis hormiguesca solidificadas por el relleno cementado.
El hormiguero se extendía a lo largo de 50 metros cuadrados por el terreno y alcanzaba una profundidad de 8 metros. La colonia de hormigas había removido 40 toneladas de tierra durante la construcción de su ciudad.
La mayoría de las que conocemos excavan extensas galerías bajo tierra, de cuyo diseño poco podemos saber.
No obstante, existe un ingenioso sistema para sacar moldes tridimensionales de los hormigueros, que emplean los investigadores del vídeo adjunto al final:
Se empieza por verter cemento líquido por la boca principal, en este caso lo hicieron durante 3 días y hasta 10 toneladas, se espera un mes a que fragüe, y entonces se procede a la excavación y limpieza del terreno contenedor, obteniendo así el trazado de galerías y cámaras de la megalópolis hormiguesca solidificadas por el relleno cementado.
El hormiguero se extendía a lo largo de 50 metros cuadrados por el terreno y alcanzaba una profundidad de 8 metros. La colonia de hormigas había removido 40 toneladas de tierra durante la construcción de su ciudad.
jueves, 31 de marzo de 2011
Bicicrítica
Todos los últimos jueves de cada mes se organiza la "Bicicrítica" que viene a ser una quedada de ciclistas para hacer masa crítica y tomar las calles reivindicando este medio de transporte tan ecológico.
La cosa empezaba a las 20:00 en Cibeles. La zona estaba cortada y al aproximarme la cosa empezó con amenazas por parte de uno de los policías, hacía mí y hacia otro ciclista cuando pasamos por su barrera. Estaba de mala leche el hombre, y yo me imaginaba por qué...
En verdad la zona estaba cortada porque había otra manifestación al margen de la bicicrítica, era en contra de los derroches de Gallardón... De modo que en Cibeles se juntaron los de una y otra, bien distinguible no obstante quién era de cada cuál.
Justo cuando entraba una marioneta gigante del Conde Drácula-Gallardón, se puso en marcha la cabeza de la Bicicrítica. Empezamos a rodar por el bulevar de Recoletos, hacia Atocha y por ahí se observaba que había más gente todavía de la que parecía que había desde la plaza de Cibeles, acantonada a lo largo de Recoletos. Según pasaba la cabeza, como si fueran afluentes de un río, iban incorporándose más bicicletas desde los lados de la calle.
Había un par de bicis que transportaban baffles en sendos carritos, añadiendo música a la marcha.
Tras el tramo de Recoletos, sin vehículos por los cortes de las manifestaciones de más arriba, al llegar a Atocha empezó a verse el auténtico efecto de la bicicrítica.
La masa de bicicletas y patinadores se hacía dueña de todos los carriles por los que discurría, saltándose semáforos en rojo y bloqueando la incorporación de vehículos desde las calles transversales. De vez en cuando algún vehículo lograba colarse, pero entonces los más gamberros le rodeaban y le hacían pequeñas perrerías.
Tras rodear el Retiro subimos por Príncipe de Vergara hasta la altura del Santiago Bernabeu. Allí, en una larga vaguada se podía observar la larga cola de bicis que había, y ni rastro de coches entre medias.
La bajada de la Castellana fue muy divertida, a gran velocidad. Algunos voluntarios se ponían como escudos para cortar el paso a los coches que tenían el semáforo en verde en las incorporaciones evitando que el grupo se partiese en trozos, y permitiendo hacer todo el trayecto sin apenas frenar.
La policía ni intervino ni nos acompañó, lo cual me pareció estupendo.
Además, esto era ante todo una muchedumbre, y más de uno estaba esperando la mínima respuesta a sus provocaciones para liarla. Algunos participantes daban vergüenza ajena, la verdad.
Peatones y conductores, algunos lo encontraban divertido, otros nos animaban, otros sacaban fotos para retratar tan insual estampa... y también estaban los que maldecían. "¡Y a los peatones que nos den por culo, por vuestra culpa no puede venir el autobús!" gritaba un viejo desde la parada. "¡Si fueras en bici no te pasaría esto!" Le gritaba humorísticamente unos de los manifestantes a un vehículo capturado entre la masa ciclista. "¡Sí, sí, yo os apoyo, más carriles bici!" (*) gritaba un peatón, y yo pensaba "ESTO es el mejor carril bici".
En medio de la Castellana un señor mayor lograba atravesar un paso de peatones en verde para él entre la marabunta de bicis que descendían esquivándole sin detenerse. Su mujer se había dado la vuelta a mitad de camino, correteando al resguardo de la acera de partida, y así se quedaron los dos, uno en cada lado separados por el torrente de ciclistas.
Por la misma zona, un par de coches que se habían metido en medio del pelotón rodaban cercados por una improvisada escolta de ciclistas, cual indios tratando de asaltar una diligencia. Delante del parachoques del primer vehículo, para evitar que se escaparan por velocidad, se colocaron rápidamente dos tíos que habían unido sus bicis en paralelo montando un soporte para un colorista retrato de Juan Antonio Cebrián, que miraba hacia atrás.
La idea era mantener al pelotón unido y no permitir que ningún vehículo penetrara dentro partiéndolo. De tanto en tanto la cabecera se detenía, bloqueando el tráfico, a la espera de que la cola se reagrupase y nadie se quedase demasiado atrás, lejos del grupo y presa fácil de los vehículos. Las mayores pitadas y cabreos ocurrieron en los dos bloqueos de la Gran Vía, pero ya podían pitar que no iban a pasar hasta que el grupo retomase la marcha. Tocaba esperar con un poco de paciencia o esperar rabiando.
Visto desde otra perspectiva, a la mayor parte de la gente le parece normal que reyes, políticos y famosos monten follones de estos cuando les da la gana, cortando calles para hacer sus desfiles, visitas o celebraciones. Y encima movilizan unos recursos millonarios que pagamos todos.
Aquí la propia gente de la Bicicrítica se encarga de cortar el tráfico y de saltarse los semáforos (juas juas), y al ciudadano no le cuesta nada, sólo un poco de humor y paciencia.
Para mí, la Bicirítica es darse una agradable vuelta tomando las calles de Madrid con la bici, y dar un poco por culo. Sinceramente, no sé si contribuirá a fomentar el uso de la bici, pero por lo que he visto sí que contribuye a que unos cuantos conductores salgan de allí cagándose en los ciclistas, pues la Bicicrítica es una excelente demostración de cómo circula y cómo respeta las normas de tráfico el ciclista urbano medio...
* Nota: Lo que se persigue aquí es la visibilidad del ciclista y la pacificación del tráfico. Los carriles bici están bien... para darse un paseo, pero no podemos pretender que cubran todos los trayectos necesarios para los desplazamientos de la gente, para eso ya están las calzadas, que es por donde deberían circular las bicis en convivencia con los vehículos.
** La asistencia de esta edición se estima en 2.500 personas.
La cosa empezaba a las 20:00 en Cibeles. La zona estaba cortada y al aproximarme la cosa empezó con amenazas por parte de uno de los policías, hacía mí y hacia otro ciclista cuando pasamos por su barrera. Estaba de mala leche el hombre, y yo me imaginaba por qué...
En verdad la zona estaba cortada porque había otra manifestación al margen de la bicicrítica, era en contra de los derroches de Gallardón... De modo que en Cibeles se juntaron los de una y otra, bien distinguible no obstante quién era de cada cuál.
Justo cuando entraba una marioneta gigante del Conde Drácula-Gallardón, se puso en marcha la cabeza de la Bicicrítica. Empezamos a rodar por el bulevar de Recoletos, hacia Atocha y por ahí se observaba que había más gente todavía de la que parecía que había desde la plaza de Cibeles, acantonada a lo largo de Recoletos. Según pasaba la cabeza, como si fueran afluentes de un río, iban incorporándose más bicicletas desde los lados de la calle.
Había un par de bicis que transportaban baffles en sendos carritos, añadiendo música a la marcha.
Tras el tramo de Recoletos, sin vehículos por los cortes de las manifestaciones de más arriba, al llegar a Atocha empezó a verse el auténtico efecto de la bicicrítica.
La masa de bicicletas y patinadores se hacía dueña de todos los carriles por los que discurría, saltándose semáforos en rojo y bloqueando la incorporación de vehículos desde las calles transversales. De vez en cuando algún vehículo lograba colarse, pero entonces los más gamberros le rodeaban y le hacían pequeñas perrerías.
Tras rodear el Retiro subimos por Príncipe de Vergara hasta la altura del Santiago Bernabeu. Allí, en una larga vaguada se podía observar la larga cola de bicis que había, y ni rastro de coches entre medias.
La bajada de la Castellana fue muy divertida, a gran velocidad. Algunos voluntarios se ponían como escudos para cortar el paso a los coches que tenían el semáforo en verde en las incorporaciones evitando que el grupo se partiese en trozos, y permitiendo hacer todo el trayecto sin apenas frenar.
La policía ni intervino ni nos acompañó, lo cual me pareció estupendo.
Además, esto era ante todo una muchedumbre, y más de uno estaba esperando la mínima respuesta a sus provocaciones para liarla. Algunos participantes daban vergüenza ajena, la verdad.
Peatones y conductores, algunos lo encontraban divertido, otros nos animaban, otros sacaban fotos para retratar tan insual estampa... y también estaban los que maldecían. "¡Y a los peatones que nos den por culo, por vuestra culpa no puede venir el autobús!" gritaba un viejo desde la parada. "¡Si fueras en bici no te pasaría esto!" Le gritaba humorísticamente unos de los manifestantes a un vehículo capturado entre la masa ciclista. "¡Sí, sí, yo os apoyo, más carriles bici!" (*) gritaba un peatón, y yo pensaba "ESTO es el mejor carril bici".
En medio de la Castellana un señor mayor lograba atravesar un paso de peatones en verde para él entre la marabunta de bicis que descendían esquivándole sin detenerse. Su mujer se había dado la vuelta a mitad de camino, correteando al resguardo de la acera de partida, y así se quedaron los dos, uno en cada lado separados por el torrente de ciclistas.
Por la misma zona, un par de coches que se habían metido en medio del pelotón rodaban cercados por una improvisada escolta de ciclistas, cual indios tratando de asaltar una diligencia. Delante del parachoques del primer vehículo, para evitar que se escaparan por velocidad, se colocaron rápidamente dos tíos que habían unido sus bicis en paralelo montando un soporte para un colorista retrato de Juan Antonio Cebrián, que miraba hacia atrás.
La idea era mantener al pelotón unido y no permitir que ningún vehículo penetrara dentro partiéndolo. De tanto en tanto la cabecera se detenía, bloqueando el tráfico, a la espera de que la cola se reagrupase y nadie se quedase demasiado atrás, lejos del grupo y presa fácil de los vehículos. Las mayores pitadas y cabreos ocurrieron en los dos bloqueos de la Gran Vía, pero ya podían pitar que no iban a pasar hasta que el grupo retomase la marcha. Tocaba esperar con un poco de paciencia o esperar rabiando.
Visto desde otra perspectiva, a la mayor parte de la gente le parece normal que reyes, políticos y famosos monten follones de estos cuando les da la gana, cortando calles para hacer sus desfiles, visitas o celebraciones. Y encima movilizan unos recursos millonarios que pagamos todos.
Aquí la propia gente de la Bicicrítica se encarga de cortar el tráfico y de saltarse los semáforos (juas juas), y al ciudadano no le cuesta nada, sólo un poco de humor y paciencia.
Para mí, la Bicirítica es darse una agradable vuelta tomando las calles de Madrid con la bici, y dar un poco por culo. Sinceramente, no sé si contribuirá a fomentar el uso de la bici, pero por lo que he visto sí que contribuye a que unos cuantos conductores salgan de allí cagándose en los ciclistas, pues la Bicicrítica es una excelente demostración de cómo circula y cómo respeta las normas de tráfico el ciclista urbano medio...
El malo será siempre el vehículo, porque contamina... y yo no.
Perroflautóteles
* Nota: Lo que se persigue aquí es la visibilidad del ciclista y la pacificación del tráfico. Los carriles bici están bien... para darse un paseo, pero no podemos pretender que cubran todos los trayectos necesarios para los desplazamientos de la gente, para eso ya están las calzadas, que es por donde deberían circular las bicis en convivencia con los vehículos.
** La asistencia de esta edición se estima en 2.500 personas.
lunes, 21 de marzo de 2011
libro electrónico
Hace unas semanas me compré por fin un lector de "e-libros". Una compra postpuesta varias veces por mis diversas dudas sobre el funcionamiento y las posibles limitaciones.
No leo regularmente, pero hay temporadas que me entra la fiebre berserker de lectura y no paro, y tal era el caso, de modo que ha sido una buena compra.
Las pegas son la escasez de tipos de fuentes para elegir; la imposibilidad de ajustar constraste (un fondo más blanquecino quedaría mejor); y sobre todo las decimas de segundo que se demora la pantalla de cristal líquido en refrescarse, que si bien no importa para pasar de una página a otra, sí se hace un pelín cansino cuando estás navegando por los menús, explorando la "biblioteca" por ejemplo.
Pero las virtudes superan con creces a las pegas. No daña la vista (o al menos no más que leer libros de papel); pesa poco, con lo que puedes leer en cualquier posición, tumbado, de lado...; cuando dejas de leer no tienes que preocuparte de marcar página ni de apagarlo; no hace ruido; no consume energía mientras la pantalla no cambie; ahorra papel, espacio y energía.
La pena es que no haya ordenadores así. La lentitud del refresco de pantalla y de proceso lo convierte en un cacharro que sirve para poco más que para leer.
No leo regularmente, pero hay temporadas que me entra la fiebre berserker de lectura y no paro, y tal era el caso, de modo que ha sido una buena compra.
Las pegas son la escasez de tipos de fuentes para elegir; la imposibilidad de ajustar constraste (un fondo más blanquecino quedaría mejor); y sobre todo las decimas de segundo que se demora la pantalla de cristal líquido en refrescarse, que si bien no importa para pasar de una página a otra, sí se hace un pelín cansino cuando estás navegando por los menús, explorando la "biblioteca" por ejemplo.
Pero las virtudes superan con creces a las pegas. No daña la vista (o al menos no más que leer libros de papel); pesa poco, con lo que puedes leer en cualquier posición, tumbado, de lado...; cuando dejas de leer no tienes que preocuparte de marcar página ni de apagarlo; no hace ruido; no consume energía mientras la pantalla no cambie; ahorra papel, espacio y energía.
La pena es que no haya ordenadores así. La lentitud del refresco de pantalla y de proceso lo convierte en un cacharro que sirve para poco más que para leer.
domingo, 20 de marzo de 2011
las mortales Siete Revueltas
Este sábado me subí la bici a la sierra con idea de hacer una gran ruta que al final tuve que acortar por precaución.
Comenzando en Guadarrama, me dirigí por las sendas que aún quedan entre las urbanizaciones hacia Los Molinos, hasta llegar a un punto junto a las vías del tren donde recordaba de hace años que partía otra pista forestal directa hasta el Hospital de la Fuenfría. El caso es que había algunos cambios en esa zona, con unos vallados y una carretera nueva, y por no perder el tiempo investigando zigzageé por las calles hasta la carretera de Cercedilla, por donde tiré, como haría si me dirigiera a la Fuenfría en coche.
Afortunadamente esa mañana no había aún apenas tráfico por ahí, y subí por la carretera con cierta tranquilidad. Al aproximarme a la zona dominguera tiré por la carretera del hospital enganchando con la "Carretera de la República", a través de la cual cruzaría todo el Valle de la Fuenfría.
Esta "carretera" está asfaltada sólo en el primer tramo, hasta el aparcamiento dominguero, y enseguida se convierte en una ancha pista de tierra que da un rodeo tremendo para llegar a donde tiene que llegar, pero todo sea por ganar altura progresivamente y constituir una vía apta para vehículos y excursionistas que prefieran hacer más distancia a cambio de menos cuesta.
La otra opción era la calzada romana, pero como se rumorea que están prohibiendo las bicicletas de montaña en la sierra de Madrid fuera de pista, me arriesgaba a malas miradas, alguna amonestación y quizá un subida demasiado dura.
Al pasar bajo la umbría del Majalasna, había algunas manchas de nieve helada atravesando el camino, ante las cuales tocaba pasar con extrema precaución, pues la bici patinaba, y la rueda trasera traccionaba con dificultad.
Tras ese recodo el camino estaba más soleado y la nieve se transformaba en papilla y charcos, hasta llegar al Puerto de la Fuenfría, al otro lado del cual los caminos estaban completamente cubiertos de nieve. Tras intentar atravesar la nieve lanzándome con inercia, y comprobando que acababa hundiéndome, no me quedó otra que ir andando empujando la bici, pisando donde ya habían pisado, donde la nieve estaba más compactada.
Hasta llegar al Puerto de la Fuenfría no había parado de subir y subir, ahora tocaba bajar, pero no pude hacerlo... montado sobre la bici, hasta que más abajo la nieve se fue abriendo un poco.
Al llegar a la carretera de Valsaín la cosa mejoró bastante, y ya pude bajar a gran velocidad... porque era cuesta abajo, porque no solté apenas los frenos, sobre todo cuando en las curvas en umbría dormían aún lechos de nieve con pinta de invitar al hielo.
Más abajo la nieve desapareció completamente y las curvas se suavizaron, haciendo el descenso más divertido, con el fantástico decorado de los altos pinares de Valsaín. Y entonces descubrí una cosa, un lugar donde había estado hace muchos años pero cuya ubicación concreta dentro del tramo de sierra entre El Escorial y Navacerrada no podía concretar. Al verlo de nuevo lo reconocí al instante. La otra vez llegué en coche, pero ahora esta carretera está cerrada al tráfico por una barrera, al otro lado de la cual se encuentra la carretera que sube al Puerto de Navacerrada por la vertiente segoviana, y por donde iba a continuar.
Este tramo fue el peor de todos. Independientemente de que me tocara subir de nuevo, esta cuesta, conocida como "Las Siete Revueltas" se me hizo eterna, cansina, de tal modo que tuve que detenerme varias veces porque sentía que en cualquier momento iba a venir el Tío del Mazo.
No sentía cansancio propiamente sino agotamiento... ¿es lo mismo?... Mis piernas ya estaban hartas de tanto pedalear por una cuesta que parecía no acabarse nunca, subiendo en zigzag por la montaña, y chupando tubo de escape de los vehículos en marchas cortas. No, no olía a aire de montaña.
Llegué al Puerto de Navacerrada, que como era de esperar estaba a tope de gente, lo típico, los niños tirándose por la nieve, los adultos volviendo a la infancia lanzando bolas, haciendo muñecos y haciéndose la foto. Más arriba se veían algunas personas esquiando por las pistas, no muchas. Es una estación tan pequeña que se debe de aburrir uno rápido en cuanto pasa del nivel de principiante.
La ruta es como si ya estuviera acabada, pues desde ahí arriba hasta Guadarrama es todo bajada, o dicho de otro modo: agarrarse bien y dejarse caer.
Al principio me quedé helado, por el viento frío que producía la velocidad, pero como perdía cota rápidamente, en cuestión de minutos, el fresco de la nieve fue siendo sustituído por el agradable calorcillo del sol y por otra corriente cálida que provenía claramente de la irradiación del asfalto de la carretera.
Desde el Jueves o el Viernes, han subido las temperaturas de golpe, y estos días son como un miniveranito.
Bajé prácticamente solo, pocos coches me rebasaron, ya que casi todos estaban por la labor de subir, formando una larga cola conforme llegaban a lo alto del puerto.
Corolario: Si dejamos caer una bicicleta desde el Puerto de Navacerrada, ésta llega a Guadarrama en menos de media hora.
Comenzando en Guadarrama, me dirigí por las sendas que aún quedan entre las urbanizaciones hacia Los Molinos, hasta llegar a un punto junto a las vías del tren donde recordaba de hace años que partía otra pista forestal directa hasta el Hospital de la Fuenfría. El caso es que había algunos cambios en esa zona, con unos vallados y una carretera nueva, y por no perder el tiempo investigando zigzageé por las calles hasta la carretera de Cercedilla, por donde tiré, como haría si me dirigiera a la Fuenfría en coche.
Afortunadamente esa mañana no había aún apenas tráfico por ahí, y subí por la carretera con cierta tranquilidad. Al aproximarme a la zona dominguera tiré por la carretera del hospital enganchando con la "Carretera de la República", a través de la cual cruzaría todo el Valle de la Fuenfría.
Esta "carretera" está asfaltada sólo en el primer tramo, hasta el aparcamiento dominguero, y enseguida se convierte en una ancha pista de tierra que da un rodeo tremendo para llegar a donde tiene que llegar, pero todo sea por ganar altura progresivamente y constituir una vía apta para vehículos y excursionistas que prefieran hacer más distancia a cambio de menos cuesta.
La otra opción era la calzada romana, pero como se rumorea que están prohibiendo las bicicletas de montaña en la sierra de Madrid fuera de pista, me arriesgaba a malas miradas, alguna amonestación y quizá un subida demasiado dura.
Al pasar bajo la umbría del Majalasna, había algunas manchas de nieve helada atravesando el camino, ante las cuales tocaba pasar con extrema precaución, pues la bici patinaba, y la rueda trasera traccionaba con dificultad.
Tras ese recodo el camino estaba más soleado y la nieve se transformaba en papilla y charcos, hasta llegar al Puerto de la Fuenfría, al otro lado del cual los caminos estaban completamente cubiertos de nieve. Tras intentar atravesar la nieve lanzándome con inercia, y comprobando que acababa hundiéndome, no me quedó otra que ir andando empujando la bici, pisando donde ya habían pisado, donde la nieve estaba más compactada.
Hasta llegar al Puerto de la Fuenfría no había parado de subir y subir, ahora tocaba bajar, pero no pude hacerlo... montado sobre la bici, hasta que más abajo la nieve se fue abriendo un poco.
Al llegar a la carretera de Valsaín la cosa mejoró bastante, y ya pude bajar a gran velocidad... porque era cuesta abajo, porque no solté apenas los frenos, sobre todo cuando en las curvas en umbría dormían aún lechos de nieve con pinta de invitar al hielo.
Más abajo la nieve desapareció completamente y las curvas se suavizaron, haciendo el descenso más divertido, con el fantástico decorado de los altos pinares de Valsaín. Y entonces descubrí una cosa, un lugar donde había estado hace muchos años pero cuya ubicación concreta dentro del tramo de sierra entre El Escorial y Navacerrada no podía concretar. Al verlo de nuevo lo reconocí al instante. La otra vez llegué en coche, pero ahora esta carretera está cerrada al tráfico por una barrera, al otro lado de la cual se encuentra la carretera que sube al Puerto de Navacerrada por la vertiente segoviana, y por donde iba a continuar.
Este tramo fue el peor de todos. Independientemente de que me tocara subir de nuevo, esta cuesta, conocida como "Las Siete Revueltas" se me hizo eterna, cansina, de tal modo que tuve que detenerme varias veces porque sentía que en cualquier momento iba a venir el Tío del Mazo.
No sentía cansancio propiamente sino agotamiento... ¿es lo mismo?... Mis piernas ya estaban hartas de tanto pedalear por una cuesta que parecía no acabarse nunca, subiendo en zigzag por la montaña, y chupando tubo de escape de los vehículos en marchas cortas. No, no olía a aire de montaña.
Llegué al Puerto de Navacerrada, que como era de esperar estaba a tope de gente, lo típico, los niños tirándose por la nieve, los adultos volviendo a la infancia lanzando bolas, haciendo muñecos y haciéndose la foto. Más arriba se veían algunas personas esquiando por las pistas, no muchas. Es una estación tan pequeña que se debe de aburrir uno rápido en cuanto pasa del nivel de principiante.
La ruta es como si ya estuviera acabada, pues desde ahí arriba hasta Guadarrama es todo bajada, o dicho de otro modo: agarrarse bien y dejarse caer.
Al principio me quedé helado, por el viento frío que producía la velocidad, pero como perdía cota rápidamente, en cuestión de minutos, el fresco de la nieve fue siendo sustituído por el agradable calorcillo del sol y por otra corriente cálida que provenía claramente de la irradiación del asfalto de la carretera.
Desde el Jueves o el Viernes, han subido las temperaturas de golpe, y estos días son como un miniveranito.
Bajé prácticamente solo, pocos coches me rebasaron, ya que casi todos estaban por la labor de subir, formando una larga cola conforme llegaban a lo alto del puerto.
Corolario: Si dejamos caer una bicicleta desde el Puerto de Navacerrada, ésta llega a Guadarrama en menos de media hora.
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| El Siete Picos desde Navaurrulaque |
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| En esta zona de umbría bajo el Majalasna aparecen manchas de nieve congelada, donde la bici se te va con un patinazo a la que te descuidas |
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| El Montón de Trigo |
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| El Majalasna |
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| Pradera de la Casa Eraso |
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| Pinares de Valsaín |
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| La carretera que sube al Puerto de Navacerrada por la cara segoviana, las interminables Siete Revueltas |
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| La mini-estación de esquí de Navacerrada |
sábado, 29 de enero de 2011
Desorientado en la nieve
Al llegar por la mañana el acceso a Canto Cochino estaba cortado, de modo que aparqué en el parking de abajo, como la mayor parte de la resignada gente.
Y aproveché que salía de ahí para cruzarme el monte que separa esta zona del río Manzanares, dejando el sendero de Quebrantaherraduras para la vuelta.
Había niebla por valles, y en movimiento, y nieve. Cuando salía el sol, las ramas de los árboles, vencidas por el peso de la nieve, se agitaban provocando una ducha espolvoreada, que hacía que lloviera casi constantemente dentro del bosque. Cuando el sol se ponía la lluvia paraba, y todo quedaba en calma blanquinegra.
El plan inicial era subir al Collado Miradero y luego bajar por el otro lado a interceptar las Zetas, pero no pudo ser. Ese plan sólo era viable yendo a tiro hecho por sendas, y sin los kilómetros extra de regalo al no haber salido directamente de Cantocochino.
Para seguir la senda la nieve me supuso un verdadero problema, ya que ocultaba las marcas y los mojones de piedras. Por otro lado, tras dejar atrás el cruce del Majadillas-Arroyo Pollo, la nieve estaba completamente virgen, no había pasado nadie delante de mí cuyas huellas pudiera seguir (que es otra opción cuando no se ven las marcas).
Milagrosamente acerté a llegar hasta "Cuatro Caminos" e inmediatamente después me perdí de la ruta: acabé donde ya temía que podía acabar, en un canchal de enormes bloques de granito que anda por ahí...
Como antes había usado huellas de vacas, perros y conejillos para buscar la mejor ruta por la nieve, decidí seguir unas huellas de cabra que ví, pero sólo me llevaron hasta donde estaban las cabras...
Tras algunas vueltas logré salir de ese laberinto, proseguí ascendiendo bajo el bosque, evitando abandonarlo (porque si te sales del bosque toca laberinto de pedrolos), hasta que se abrió un claro y ví el paredón de Las Torres... y comprendí que me había ido hacia el lado contrario, hacia el Collado de los Hoyos.
Cambié de dirección, hacia Collado Miradero, perdiendo altura poco a poco, con cada vez menos intención de subir, después de la trilla que me había metido y lo que me quedaba para regresar.
Al final intercepté el GR que hubiese querido seguir desde un principio, con sus mojones bien ocultos bajo la nieve y sus marcas blanquiamarillas más bien escasas, y ya, en lugar de para subir, lo usé para bajar... hasta que lo perdí de nuevo y hube de sacar el GPS que me señalara el waypoint que marqué antes en "Cuatro Caminos", a 200 metros estaba. Desde ahí ya era cuestión de seguir mis propias huellas... y las que se habían añadido.
Una cosa es que tenga trillada La Pedriza, y otra que me conozca las sendas, porque la mayor parte veces me pierdo voluntaria o involuntariamente (como en este caso) y acabo llegando a los sitios campo a través... El caso es que como normalmente me da igual llegar a un sitio que a otro, siempre acabo llegando... a donde sea. Y ahí está la gracia, ir barriendo zonas nuevas.
Al final fueron 19 kilómetros, tenía las manos y los pies fríos y calados, por no haber llevado escarpines ni guantes de neopreno (y eso que los tengo, pero subestimé la nieve, me llevé en cambio los guantes del Decathlon esos que valen 1 euro ;P).
Y aproveché que salía de ahí para cruzarme el monte que separa esta zona del río Manzanares, dejando el sendero de Quebrantaherraduras para la vuelta.
Había niebla por valles, y en movimiento, y nieve. Cuando salía el sol, las ramas de los árboles, vencidas por el peso de la nieve, se agitaban provocando una ducha espolvoreada, que hacía que lloviera casi constantemente dentro del bosque. Cuando el sol se ponía la lluvia paraba, y todo quedaba en calma blanquinegra.
El plan inicial era subir al Collado Miradero y luego bajar por el otro lado a interceptar las Zetas, pero no pudo ser. Ese plan sólo era viable yendo a tiro hecho por sendas, y sin los kilómetros extra de regalo al no haber salido directamente de Cantocochino.
Para seguir la senda la nieve me supuso un verdadero problema, ya que ocultaba las marcas y los mojones de piedras. Por otro lado, tras dejar atrás el cruce del Majadillas-Arroyo Pollo, la nieve estaba completamente virgen, no había pasado nadie delante de mí cuyas huellas pudiera seguir (que es otra opción cuando no se ven las marcas).
Milagrosamente acerté a llegar hasta "Cuatro Caminos" e inmediatamente después me perdí de la ruta: acabé donde ya temía que podía acabar, en un canchal de enormes bloques de granito que anda por ahí...
Como antes había usado huellas de vacas, perros y conejillos para buscar la mejor ruta por la nieve, decidí seguir unas huellas de cabra que ví, pero sólo me llevaron hasta donde estaban las cabras...
Tras algunas vueltas logré salir de ese laberinto, proseguí ascendiendo bajo el bosque, evitando abandonarlo (porque si te sales del bosque toca laberinto de pedrolos), hasta que se abrió un claro y ví el paredón de Las Torres... y comprendí que me había ido hacia el lado contrario, hacia el Collado de los Hoyos.
Cambié de dirección, hacia Collado Miradero, perdiendo altura poco a poco, con cada vez menos intención de subir, después de la trilla que me había metido y lo que me quedaba para regresar.
Al final intercepté el GR que hubiese querido seguir desde un principio, con sus mojones bien ocultos bajo la nieve y sus marcas blanquiamarillas más bien escasas, y ya, en lugar de para subir, lo usé para bajar... hasta que lo perdí de nuevo y hube de sacar el GPS que me señalara el waypoint que marqué antes en "Cuatro Caminos", a 200 metros estaba. Desde ahí ya era cuestión de seguir mis propias huellas... y las que se habían añadido.
Una cosa es que tenga trillada La Pedriza, y otra que me conozca las sendas, porque la mayor parte veces me pierdo voluntaria o involuntariamente (como en este caso) y acabo llegando a los sitios campo a través... El caso es que como normalmente me da igual llegar a un sitio que a otro, siempre acabo llegando... a donde sea. Y ahí está la gracia, ir barriendo zonas nuevas.
Al final fueron 19 kilómetros, tenía las manos y los pies fríos y calados, por no haber llevado escarpines ni guantes de neopreno (y eso que los tengo, pero subestimé la nieve, me llevé en cambio los guantes del Decathlon esos que valen 1 euro ;P).
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| La densidad de la niebla cambiaba, y así, en cosa de segundos, el sol desaparecía, se mostraba como un borrón brillante, o como un disco perfecto. |
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| Un risco fuera de las rutas más populares |
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| Coladas de hielo en el Río Manzanares |
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| El bastión del Pájaro a lo lejos. |
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| El Pájaro de lado, con La Muela en lo alto |
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| Coníferas nevadas |
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| Bajo las ramas, a la que hacía algo de sol, empezaba a llover nieve espolvoreada |
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| La nieve oculta la superficie y los bordes de los grandes bloques, ralentizando el avance sobre ellos. |
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| Momentánea escapatoria de las zonas de bloques |
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| Un pino silvestre de una envergadura llamativa, que brota haciendo cuña entre dos bloques de granito. |
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| El bosque en calma en la zonas altas con el cielo cubierto |
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| Calma total |
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| Aquí me doy cuenta, por el paredón que se levanta sobre los árboles, que me he ido hacia el lado contrario |
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| Claro con nieve espumosa, cerca de La Bota |
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| De regreso, me vuelvo a encontrar a la familia Cabra al completo. Además, al lado de una de las malditas marcas que estaba buscando |
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| Regresando por la senda Quebrantaherraduras y mirando hacia atrás, antes estaba allí, y ahora estoy aquí. Es una simple cuestión de tiempo. |
jueves, 27 de enero de 2011
Casa de Campo nocturna
La Casa de Campo por la noche no acojona nada. Da más inseguridad estar en la luz rodeado de oscuridad que estar en la oscuridad rodeado de luz, y este último era el caso.
El cielo brillaba asalmonado por la zona de Somosaguas, y más claro aún, amarillento, mirando hacia Madrid. La contaminación lumínica impedía que pudiera ser demasiado denoche, y el sempiterno hilo musical del fondo del tráfico impedía que pudieras olvidarte de dónde estabas. Sin luces podías contemplar el paisaje a larga distancia, en las zonas donde el bosque clareaba, con luces, en cambio, no, por el autodeslumbramiento.
Fuí con las luces de la bici encendidas, para ser visto, y con un LED frontal para ver mejor los detalles del terreno y poder ir a la velocidad usual.
Encontré muy poca gente, casi ningún ciclista, pero sí varios corredores, con sus mallas reflectantes o lucecillas frontales.
El cielo brillaba asalmonado por la zona de Somosaguas, y más claro aún, amarillento, mirando hacia Madrid. La contaminación lumínica impedía que pudiera ser demasiado denoche, y el sempiterno hilo musical del fondo del tráfico impedía que pudieras olvidarte de dónde estabas. Sin luces podías contemplar el paisaje a larga distancia, en las zonas donde el bosque clareaba, con luces, en cambio, no, por el autodeslumbramiento.
Fuí con las luces de la bici encendidas, para ser visto, y con un LED frontal para ver mejor los detalles del terreno y poder ir a la velocidad usual.
Encontré muy poca gente, casi ningún ciclista, pero sí varios corredores, con sus mallas reflectantes o lucecillas frontales.
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| El bosque siniestroooo...¡¡HUA-HUA-HUA!! |
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| La bici siniestra... ¡¡HUA-HUA-HUA!! |
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| Con el cielo brillando así por la contaminación lumínica es imposible que la oscuridad nos atrape y los monstruos nos tiendan emboscadas |
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| El puente siniestro... ¡¡HUA-HUA-HUA!! |
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| Se acerca el tren siniestro... ¡¡CHUCU-CHUCU-CHUUU!! |
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| El tren siniestro huye... ¡¡BUA-BUA-BUA!! |
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| El estanque siniestro... |
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