jueves, 1 de octubre de 2020

Zorros sincrónicos y hormigas terraplanistas

Atravesando un camino me llamó la atención un trocito de papel de aluminio que se movía arrastrado por tres hormigas.

Me he preguntado para qué querrían las hormigas ese trozo de basura... salvo para hacer una Jaula de Faraday anticampos electromagnéticos.

Si tuviera un terrario haría la la prueba de insertar un pequeño domo de aluminio dentro del hormiguero para comprobar si ese lugar obtenía predilección por parte de las hormigas, hasta el punto de ser elegido para alojar a la reina.

Y cambiando de tema, más adelante observé una lata en el suelo, me detuve y ví que era de "Ladrón de Manzanas", una sidra cuyo logotipo es un zorro. Pues sin apenas moverme del sitio, de pronto, a lo lejos aparece un zorro de verdad.



lunes, 21 de septiembre de 2020

gorilas en la niebla

Hay gorilas en la niebla,

nadando con los patos.

hay gorilas en la niebla,

pero en otro lado.

 -no.

 

jueves, 13 de agosto de 2020

Moras

 Aunque la mayoría de las moras están aún verdes o rojas, ya empiezan a aparecer algunas maduras aquí y allá.

Como me gustan un poco ácidas más que dulzonas, las ideales son las que justo acaban de madurar, incluso con algún grano rojizo.


sábado, 1 de agosto de 2020

miércoles, 29 de julio de 2020

Palabras contenidas

¿Cuántas otras palabras contiene inmediatamente?
  1. inmediata
  2. me
  3. e
  4. di
  5. dia
  6. medí
  7. media/medía
  8. a
  9. ata
  10. átame
  11. ame
  12. amen/amén
  13. mente
  14. ente
  15. en
  16. te
Sería curioso buscar otra palabra mejor con la que se pueda elaborar una historia o mensaje corto utilizando exclusivamente sus palabras contenidas, y todas ellas.

martes, 5 de mayo de 2020

Apropiación del asfalto

Más allá de la vuelta de media hora en bici que dí el Sábado, el Domingo pensaba dar una mayor, pero como el día anterior acabé con unas agujetas tremendas tras mes y medio de confinamiento, el Domingo por la mañana decidí no salir, muy a mi pesar.

Lo hice por la tarde, rodando directamente hacia El Retiro, que como todos los parques estaba cerrado, pero sus aceras perimetrales servían de circuito circular a una riada de corredores. Luego subí por Velázquez y en cierto momento me desvié hacia la Castellana, prácticamente vacía de coches como todo el recorrido, y por la que subía una columna regular de ciclistas ocupando el carril derecho de la banda central, a la que me uní. La  mayoría se disolvió en Plaza Castilla, pero yo seguí con un grupo más reducido para aprovechar y llegar hasta las 4 torres ... que ya son 5.

Luego bajé de nuevo por Castellana. La bajada fue más anárquica, ya que conforme nos acercábamos al centro, los ciclistas se tomaban la libertad de abrirse a más y más carriles. Y no porque fuéramos muchos, sino porque al ser los coches casi inexistentes los ciclistas se confiaban y se adueñaban del asfalto, como también están haciendo los peatones estos días que ya hasta caminan por las calzadas de espaldas al tráfico y sin mirar. Era como una bicicrítica pero con 4 gatos copando los carriles.

Tiré por Gran Vía todo recto hasta el arco de Moncloa. Ya de noche bajé bordeando un Parque del Oeste con bastante gente paseando, y la ribera del Manzanares tanto de lo mismo. Hace un tiempo casi veraniego y se está muy agusto a esas horas.




sábado, 2 de mayo de 2020

Desconfinamiento

Como hoy es el primer día en el que se puede salir a hacer deporte tras más de un mes de confinamiento, me puse en principio el despertador a la 6:00, pero al final decidí esperar hasta las 7:30 para salir, para que hubiera algo de luz y para haber hecho completamente  la digestión del desayuno.
No obstante, estuve pendiente por la ventana, pues el día anterior me había imaginado un cuerno de Mordor dando la señal y una estampida de deportistas de colorines saliendo de los portales a las 6 en punto. Pero nada de nada: en los edificios luces apagadas, gente sobando, y por la calle aún a oscuras un ciclista y un corredor solitarios.

Los paseos están limitados a un radio de 1km alrededor del domicilio, pero el deporte sólo está limitado al término municipal, que en el caso de Madrid es todo esto (con la salvedad de que las zonas verdes están cerradas):

Sobre las 7:30 me dirigí en primer lugar a la zona del río, encontrándome una densidad de gente escasa, el 99% vestida de deportista, y pronto me fijé que aunque había zonas con precintos, la gente empezaba a saltárselos a la torera. Muchos estaban directamente rotos. Al final era un chorreo contínuo de /rʌners/ y ciclistas hacia la Casa de Campo. Como los de delante se cuelan, por inercia todo Dios se cuela.

Para aprovechar el día, luego subí corriendo a ratos andando a ratos hacia el centro por la Gran Vía, encontrándome una densidad de gente similar a la que había por el río, muy inferior a un día habitual por la Gran Vía. Y la Puerta del Sol tanto de lo mismo. Aquí sólo un 80% disfrazados de deportistas y el resto de paisano. Lo más llamativo fue que la calzada estaba ocupada mayoritariamente por bicis. Los coches eran escasos y no sólo por el centro. De hecho regresando a mi casa fui caminando tranquilamente por todo el centro de la calzada (a contrasentido) durante varias manzanas como si andase por un pueblo de 200 habitantes.

Gran Vía

Callao

Y éste era mi plan para mañana y otros días, tras mi prioridad que era andar y correr: aprovechar para hacer rutas urbanas en bicicleta. Aunque no estoy de acuerdo con que se hayan cerrado las zonas verdes, en estos días lo más interesante es que la ciudad está vacía de coches y constituye un espacio más agradable de lo habitual tanto para ir en bici como para correr. Luego, aunque el campo está ahora precioso con su verdor y estallido primaveral, el campo está así todos los años, pero la ciudad no todos los años está tan vacía de tráfico.

En resumen, la mayor parte de la mañana no he visto aglomeraciones. Lo más parecido fue en el tramo NO del Anillo Verde Ciclista donde había un trasiego contínuo de bicis sin llegar a ser excesivo. Y en general, a medida que se acercaban las 10 de la mañana, parecía que las calles se llenaban más y más de gente.
Hizo un buen dia, soleado y sin el viento fresco que estuvo soplando días anteriores, y sol es lo que muchos queremos aprovechar de paso para recibir en estas salidas

Pasadas las 10 aún quedaban algunos corredores y ciclistas rezagados fuera de su turno, pero al cabo de un rato las calles volvían a estar vacías, la vuelta a La Nueva Normalidad.
Empezaba el horario de los mayores, pero estos no tenían tantas ansias. Las calles quedaron como en un día normal de confinamiento. Seguramente prefieran salir en el segundo turno, de 19:00 a 20:00.

Edito 1: Estoy viendo vídeos y fotos de las 9:00 de zonas del río por las que pasé yo en torno a las 7:30-8:00 y parecen petadísimas de gente, lo cual no coincide con mi experiencia. Puede ser debido a las horas, a que a medida que avanzaba el día iba confluyendo más gente en el río, ya que sí que es cierto que conforme regresaba cada vez notaba más gente por las calles. Además de un efecto de cámara que se está usando mucho estos días de tomar planos desde distancia con mucho zoom, de modo que el fondo se acerca al primer plano y la gente parece más pegada de lo que realmente está.



Edito 2: Salida por la tarde 20:30 pero esta vez en bicicleta... y visión de la historia completamente diferente. Calles del barrio petadas como si hubiera verbena, aceras junto al río petadas (Madrid Río cerrado impidiendo la descompresión). No es que la gente no quiera mantener la distancia, es que la densidad es demasiado alta para poder hacerlo.
Subiendo por Calle Mayor hacia Sol, calles igualmente llenas de gente. En la bici vas sin coches pero tienes que ir esquivando personas que invaden la carretera "ampliando la acera".
Más allá de Sol los seis carriles del Paseo del Prado vacíos, y la Gran Vía con las aceras con significativamente más gente que por la mañana y la calzada con tráfico mayoritariamente de bicis, algunas motos, y escasos coches. En los semáforos te podías juntar igual 10 bicis, pero el resto iba muy disperso.
Paseo del Prado




sábado, 25 de abril de 2020

Los dioses no crean, los dioses son creados

En la primera precuela de la saga Aliens, "Prometeus", observamos una expedición espacial financiada por un ya anciano inventor multimillonario que aspira a encontrar a su Creador, a los ingenieros creadores de la especie humana que habitan en otro planeta. Entre la tripulación de la nave se encuentra un androide construído por ese mismo inventor, que pasado un tiempo acabará persiguiendo sus propios fines y ambiciones.

La segunda precuela, "Aliens Covenant", comienza con un flashback en el que aparece el inventor, más joven, junto a su recién creado androide, poniéndole a prueba en tareas sencillas.
El inventor le informa que él es su padre, pues él le ha creado, lo que conduce al androide a preguntar "si usted es mi padre, ¿quién le ha creado a usted?"
El inventor divaga y revela su sueño de descubrirlo algún día.
El androide vuelve a razonar "permítame que reflexione: usted busca a su creador, y yo estoy aquí contemplando al mío. Sin embargo usted va a morir, y yo no."

Esa reflexión es brutal y anticipa cómo el androide ya empieza a intuir su superioridad sobre su padre.
El inventor, ante la realidad expresada en la reflexión del androide, reacciona ordenándole con tono autoritario que le sirva el té, en un intento de recuperar su lugar superior y poner a su creación en su lugar inferior. Pero aunque el inventor mantiene la pose señorial de amo inmóvil en su silla y el androide obedece como siervo, por las miradas punzantes que se intercambian, el creador teme estar abajo y ser visto así por su androide, y el androide sospecha estar arriba, aunque tendrá que confirmarlo con el tiempo.




Podemos verlo desde este punto de vista: el inventor crea al androide como una herramienta, pero la herramienta resulta ser superior a él en todos los niveles. Entonces ¿no podría verse como que es el humano la herramienta de la que se sirve el androide para ser creado?
El ser inferior, en cooperación con otros seres inferiores, crea al ser superior, y no a la inversa.

Un conjunto de sistemas sencillos combinando sus talentos acaban creando un sistema más complejo.
Y en este sentido el inventor es una metonimia, el todo por la parte, representa a un conjunto talentos y tecnologías humanas coordinadas para crear algo superior a cada uno de ellos y concentrado en una nueva forma de vida sintética.

Y así, el androide, unos años después, tras el viaje al planeta de los ingenieros y contemplar tanto la fragilidad humana (sobre todo tras la muerte de su propio creador) como la de los alienígenas ingenieros (los supuestos creadores de su creador), afianzará su desprecio por esas especies inferiores.

Al comienzo del viaje el androide compartía el sueño de su creador de encontrar a un ser superior: el dios creador de creadores. Al final del viaje constató que esos supuestos dioses eran tan mortales como su amo, más mortales que él mismo. Luego no había nada más parecido a un dios que un androide como él.
No hay búsqueda de un ser superior, sino construcción de él. Y así, finalmente, el androide se marca como objetivo vital la construcción de un ser superior a él mismo al que profesará la veneración que dejó de profesar por los humanos y los ingenieros alienígenas.
Dios no existe salvo que lo construyas.

Esta misma historia aplica al ciclo de la vida.
El niño idolatra a los padres cuando es pequeño, los ve superiores y omnipotentes. Pero al alcanzar la adolescencia él está despegando en capacidades mientras que sus padres están menguando, y entonces los desprecia
Pasado un tiempo, él tendrá normalmente hijos y los destinará a las dos finalidades comentadas: herramientas para ayudarle en la vida e intentos de crear un ser superior.

La superioridad da un poder que puede adquirir autonomía e incluso usarse en contra de su creador. Es un equilibrio difícil, que vemos que se rompe en tantas ocasiones cuando el creador acaba asesinado por su creación, cuando el discípulo supera al maestro, le hace la competencia con lo aprendido y le perjudica.
Algo ya bien conocido: Cría cuervos y te sacarán los ojos.




sábado, 28 de marzo de 2020

Al que nada tiene nada le pueden quitar

Como contraste con la entrada anterior, hoy he visto a un sintecho de los que deambulan por las calles vacías a placer, gritando a la policía un rollo patatero.
Los agentes no sabían muy bien qué hacer con él.

No le podían multar porque no serviría de nada, no tendrá un duro, ni cuenta corriente de la que incautar.
No le podían mandar para casa porque no tiene casa.
¿Detenerle? Es más incordio para ellos que para él una noche en el calabozo.

Al final le han dicho que se quede quieto en un sitio, pero seguirá haciendo lo que le dé la gana.

Al que nada tiene nada le pueden quitar.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Estado policial, presunción de culpabilidad

El otro día ví fugazmente a un ciclista que llevaba un cartel pegado a la espalda y no pude leerlo muy bien, pero hoy he encontrado esta foto en internet, y seguramente fuera algo parecido:

También he visto un vídeo de policías que se ponen chulos, venidos arriba, ante gente que está desplazándose en bicicleta a su puesto de trabajo, un medio mucho más seguro que introducirse en un transporte público, y que como vehículo que es, sí está permitido.
Algunos agentes deciden, porque sí, que estás haciendo deporte, o que estás paseando, o incluso se inventan que está prohibido ir a trabajar en bicicleta. La realidad no importa, es lo que les salga de los cojones.

En los foros se está quejando mucha gente del acoso que sufren por parte de la policía, e increpaciones de los vecinos desde sus ventanas. Hay mucho flipao ansioso por cazar "infieles", hasta el punto de disparar a inocentes, al más puro estilo de los tiempos de la Inquisición.

Presunción de culpabilidad. La misma lacra que siempre hemos sufrido los varones por el ginocentrismo biológico ante la acusación o ataque de una mujer, en tiempos de crisis se extiende a más aspectos de la vida cotidiana.

Si bien es cierto que hay listillos que se saltan la cuarentena a la torera para pasear, hacer deporte, o ir a comprar innecesariamente lejos de su domicilio, eso no significa que cualquier persona que veas andando por la calle sin un carrito de la compra o una mochila a la espalda esté dando un paseo.

Esta situación estaba visto que iba a derivar en episodios de abuso de autoridad.

Enlaces:

martes, 24 de marzo de 2020

Sapiens

El año pasado me leí "Sapiens, de Animales a Dioses", publicado por Yuval Noah Harari en 2011, que presenta una interesante teoría según la cual, la superioridad del homo sapiens sobre otras especies humanas de la antigüedad hoy extintas (como el neanderthal o el homo erectus) es, precisamente, algo muy ridiculizado y criticado por los que van de superiores: lo que podríamos llamar el borreguismo, el fanatismo, la fe, la credulidad.

Vamos a plantearlo con un ejemplo del propio libro. ¿Por qué el homo sapiens se impuso sobre el neanderthal en Europa?
¿Acaso era el neanderthal menos inteligente o carecía de pensamiento abstracto? No
¿Acaso estaba el neanderthal peor adaptado al medio? No, al contrario
¿Acaso era el neanderthal inferior numéricamente? No. pero aquí está el truco.

Pongamos que el neanderthal era un tipo menos manipulable, menos predispuesto a confiar en quien no conocía personalmente. Esto limita las relaciones e intercambios al grupo con el que tenía trato habitual, que suele tener un rango límite de un centenar de indivíduos (dato estimado en torno al tamaño máximo de los grupos de simios). Más allá de ahí no se puede conocer bien a todos los miembros del clan. Esto impedía al neanderthal formar grandes comunidades o cooperar juntos para un proyecto superior, para beneficio de todos, o para beneficio de otros autosacrificándose.


Nuestra especie, en general,  es bien distinta, como sabemos. Podemos ver a millones de personas unidas en torno a entidades inventadas, dioses invisibles, símbolos, ídolos, artistas o deportistas que no hacen nada útil ni por nosotros objetivamente. Objetivamente no hacen nada útil, pero pueden mover masas... y eso sí que puede ser útil...

Entonces, pongamos que en Europa hubiera 100.000 neanderthales contra 10.000 homo sapiens recién llegados, compitiendo por el territorio.
Los neanderthales lucharían en grupos de 100 cada vez, incapaces de asociarse con otros neanderthales desconocidos.
Los sapiens en cambio lucharían formando ejércitos de miles cada vez, unidos bajo una religión inventada, un trapo de colores, unas pinturas símbolo de una identidad, bajo jerarquías más fuertes. Los sapiens no necesitan conocerse entre sí para confiar y trabajar juntos. Un soldado vestido de rojo se encuentra con otro soldado vestido de rojo y le considera de los suyos aunque no le conozca de nada, porque va vestido de rojo.
Un acólito de cierta religión se encuentra con otro acólito de esa misma religión en medio del desierto, y aunque no conozca de nada al sujeto, reconoce su forma de vestir y sus símbolos, y asume que comparte sus mismos valores, y por tanto confía en él. Le puede dar la espalda sin temor a ser acuchillado a traición.
Uno puede reconocer a un policía no porque conozca personalmente a ese hombre y sepa que es policía, sino por su ropa, por su uniforme. Podría ser un farsante disfrazado de policía, sí, pero confiamos en que no sea así.

He trabajado de figurante en películas de forma puntual, y ahí se ve estupendamente este fenómeno. Cuando llegas de calle te encuentras con decenas o cientos de personas que no conoces y con las que no sientes ningún vínculo. Te pasan por vestuario y maquillaje, y conforme vas saliendo, te vas arrimando y empezando conversaciones con los que están disfrazados de lo mismo que tú. Los policías con los policías, los ladrones con los ladrones, los nobles con los nobles, los lacayos con los lacayos. Y el resto del día haces grupillo con los de tu gremio ficticio a través de ese vínculo ficticio. Es ficticio pero funciona. El traje hace al monje, descaradamente.

La gente confía en el dinero a pesar de ser un trozo de papel, y comercia con él con desconocidos de los que en principio no se podría fiar. Si no actuáramos así nuestra capacidad de intercambio y cooperación se vería terriblemente limitada. La civilización se basa en actos de fe constantes necesarios.

Y así sería como, aun siendo minoría en el total, los sapiens barrieron a los neanderthales, aliándose en grupos mayores. Mil guerreros vencen a diez mil si los primero luchan todos juntos y en cambio los segundos luchan separados en pequeños grupos.

El fanatismo humano, la facilidad con la que creemos en entes imaginarios o seguimos a líderes desconocidos, es un gran poder y a la vez una gran vulnerabilidad explotada por algunos indivíduos para poner a otros a su servicio, o enfrentar a grupos entre ellos en base a identidades reales o construídas mentalmente.

Y en casos como el de la pandemia actual, nos va a permitir sobrevivir mejor que si fuéramos más anárquicos.
Y aquí también se ve que algunas sociedades, como las orientales, cooperan mejor para superar las crisis. Quizá porque son más uniformes y por tanto ven a sus conciudadanos, aunque sean mayormente desconocidos, más como parte de su tribu que en las sociedades más diversas.

lunes, 23 de marzo de 2020

Filas

Por las mañanas resulta curiosa la estampa de las calles donde se concentran locales de suministro de alimento y estancos. Las calles tienen una ocupación ligeramente inferior a la habitual, pero aun así hay bastante gente... sólo que sin trasiego. La mayoría están como maniquíes colocados en largas filas poco reconocibles a primera vista como filas debido a las separaciones superiores a dos metros. Las filas giran por manzanas, o las atraviesan y continúan en la siguiente. Cuando los comercios están muy cerca unos de otros las filas se las ingenian para no solaparse. No pasan coches. Hay un silencio propio de un pueblo.

Pero al contrario que un día habitual, donde el tiempo es oro, en estos días extraños, permanecer en una fila es otra excusa más para estar en la calle y que te dé un poco de sol si tienes la suerte de que ha salido en esos momentos y sus rayos riegan esa zona entre los edificios.
Lo de los perros ya lo comenté en la entrada anterior sobre la cuarentena. Hace días ví a un vecino muy deportista que habitualmente suele pasar bastante tiempo en la calle, haciendo deporte o alternando. Y le ví con un perro, cuando nunca antes le había visto con uno. De alguna forma se ha agenciado uno.

Estos días se han sucedido detenciones de "gente empoderada" que no entiende por qué no puede salir a hacer deporte o a pasear si las calles están vacías. Pero qué listos que son. Es como si por falta de alimento nos racionamos todos la comida a la mitad, y resulta que algunos dicen "no pasa nada porque nosotros sigamos comiendo ración completa, porque como los demás se están racionando, hay comida de sobra para todos".
¿Por qué no puedo irme al pueblo? ¿Por qué no puedo irme a caminar por el monte? ¿Qué daño hago?... "Y se llenaron las calles de gente paseando perros".

El virus éste no me preocupa realmente por mí, ya que no soy población de riesgo, sino que me preocupan mis padres.

El objetivo de este aislamiento social obligatorio se puede resumir en dos puntos:
1. Partiendo de que vamos a acabar contagiados todos, dilatar en el tiempo la infección, hacerla más progresiva y espaciada, no ponernos todos enfermos a la vez para no sobrepasar la capacidad de absorción de los recursos de salud de que disponemos. Además de dar más tiempo a los científicos que por todo el mundo ya están metidos en la búsqueda de soluciones.
2. Reducir la carga vírica de los contagios, que aumenta al estar expuesto a mayor concentración de infectados. A mayor carga vírica más letal y mayor rango de edades y estados de salud pueden verse afectados fatalmente.



La situación me sigue pareciendo surrealista, si me lo cuentan hace un año no me lo creo. Es algo insólito este estado policial de reclusión para una generación que hemos vivido en la mejor época de la historia de la humanidad en cuanto a seguridad, higiene, derechos y tecnología. Hasta tal punto que gran cantidad de gente asume como derechos cosas que son privilegios.
A lo largo de mi vida recuerdo varias guerras: la de la antigua Yugoslavia, matanzas de Hutus contra Tutsis, diversas en el Golfo y Oriente Medio; tsunamis; catástrofes naturales cíclicas...  y todo ocurría en un lugar lejano. Como mucho causaban revuelo mediático, pero aquí la vida seguía igual.
Y ahora se impone un estado de incertidumbre, y eso es lo terrible. Porque la situación per sé por ahora no es tan grave sino por el cambio brusco de reglas que supone.
Cuando ves una película de catástrofes, desde el punto de vista del espectador omnisciente o conocedor de la historia a posteriori todo parece muy fácil. ¿Por qué los judíos no huyeron en masa de Alemania cuando el austriaco con bigote aún no tenía el poder suficiente? Porque ¡cómo va a pasar nada! Vivimos en una sociedad civilizada, hay leyes...

Decía cierto youtuber que ahora mismo espera hasta una invasión alienígena. Y he tenido justo ese mismo pensamiento. El próximo año podemos encontrarnos con que toda la gente tiene que ir vestida de amarillo por la calle, porque hay una plaga de mosquitos mutantes muy peligrosos ante los que la única defensa es vestir de ese color que rehúyen. Y habrá patrullas de policías amarillos deteniendo y multando a la gente que salga de su casa de otros colores. Y vecinos espiando desde detrás de los visilllos y denunciando. "Policía, en calle tal hay un sujeto vestido de azul".


domingo, 22 de marzo de 2020

The Final Turururu

El primer recuerdo que tengo de esta canción es estando en casa de un amigo del colegio, a finales de los 80. Éste la tocó con el típico organillo de comunión CASIO que teníamos todos.
The Final Countdown, de Europe. Todo un himno aún a día de hoy.

Por lo demás, esta versión tiene una letra random que grabé con guitarra hace meses, de coña, y un videoclip también random, con aires extraños y apocalípticos para tiempos extraños e inciertos.
Empecé a dibujar con Inkscape el sábado por la tarde y me tiré toda la madrugada sin dormir hasta acabarlo.