sábado, 28 de marzo de 2020

Al que nada tiene nada le pueden quitar

Como contraste con la entrada anterior, hoy he visto a un sintecho de los que deambulan por las calles vacías a placer, gritando a la policía un rollo patatero.
Los agentes no sabían muy bien qué hacer con él.

No le podían multar porque no serviría de nada, no tendrá un duro, ni cuenta corriente de la que expropiar.
No le podían mandar para casa porque no tiene casa.
¿Detenerle? Es más incordio para ellos que para él una noche en el calabozo.

Al final le han dicho que se quede quieto en un sitio, pero seguirá haciendo lo que le dé la gana.

Al que nada tiene nada le pueden quitar.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Estado policial, presunción de culpabilidad

El otro día ví fugazmente a un ciclista que llevaba un cartel pegado a la espalda y no pude leerlo muy bien, pero hoy he encontrado esta foto en internet, y seguramente fuera algo parecido:

También he visto un vídeo de policías que se ponen chulos, venidos arriba, ante gente que está desplazándose en bicicleta a su puesto de trabajo, un medio mucho más seguro que introducirse en un transporte público, y que como vehículo que es, sí está permitido.
Algunos agentes deciden, porque sí, que estás haciendo deporte, o que estás paseando, o incluso se inventan que está prohibido ir a trabajar en bicicleta. La realidad no importa, es lo que les salga de los cojones.

En los foros se está quejando mucha gente del acoso que sufren por parte de la policía, e increpaciones de los vecinos desde sus ventanas. Hay mucho flipao ansioso por cazar "infieles", hasta el punto de disparar a inocentes, al más puro estilo de los tiempos de la Inquisición.

Presunción de culpabilidad. La misma lacra que siempre hemos sufrido los varones por el ginocentrismo biológico ante la acusación o ataque de una mujer, en tiempos de crisis se extiende a más aspectos de la vida cotidiana.

Si bien es cierto que hay listillos que se saltan la cuarentena a la torera para pasear, hacer deporte, o ir a comprar innecesariamente lejos de su domicilio, eso no significa que cualquier persona que veas andando por la calle sin un carrito de la compra o una mochila a la espalda esté dando un paseo.

Esta situación estaba visto que iba a derivar en episodios de abuso de autoridad.

Enlaces:

martes, 24 de marzo de 2020

Sapiens

El año pasado me leí "Sapiens, de Animales a Dioses", publicado por Yuval Noah Harari en 2011, que presenta una interesante teoría según la cual, la superioridad del homo sapiens sobre otras especies humanas de la antigüedad hoy extintas (como el neanderthal o el homo erectus) es, precisamente, algo muy ridiculizado y criticado por los que van de superiores: lo que podríamos llamar el borreguismo, el fanatismo, la fe, la credulidad.

Vamos a plantearlo con un ejemplo del propio libro. ¿Por qué el homo sapiens se impuso sobre el neanderthal en Europa?
¿Acaso era el neanderthal menos inteligente o carecía de pensamiento abstracto? No
¿Acaso estaba el neanderthal peor adaptado al medio? No, al contrario
¿Acaso era el neanderthal inferior numéricamente? No. pero aquí está el truco.

Pongamos que el neanderthal era un tipo menos manipulable, menos predispuesto a confiar en quien no conocía personalmente. Esto limita las relaciones e intercambios al grupo con el que tenía trato habitual, que suele tener un rango límite de un centenar de indivíduos (dato estimado en torno al tamaño máximo de los grupos de simios). Más allá de ahí no se puede conocer bien a todos los miembros del clan. Esto impedía al neanderthal formar grandes comunidades o cooperar juntos para un proyecto superior, para beneficio de todos, o para beneficio de otros autosacrificándose.


Nuestra especie, en general,  es bien distinta, como sabemos. Podemos ver a millones de personas unidas en torno a entidades inventadas, dioses invisibles, símbolos, ídolos, artistas o deportistas que no hacen nada útil ni por nosotros objetivamente. Objetivamente no hacen nada útil, pero pueden mover masas... y eso sí que puede ser útil...

Entonces, pongamos que en Europa hubiera 100.000 neanderthales contra 10.000 homo sapiens recién llegados, compitiendo por el territorio.
Los neanderthales lucharían en grupos de 100 cada vez, incapaces de asociarse con otros neanderthales desconocidos.
Los sapiens en cambio lucharían formando ejércitos de miles cada vez, unidos bajo una religión inventada, un trapo de colores, unas pinturas símbolo de una identidad, bajo jerarquías más fuertes. Los sapiens no necesitan conocerse entre sí para confiar y trabajar juntos. Un soldado vestido de rojo se encuentra con otro soldado vestido de rojo y le considera de los suyos aunque no le conozca de nada, porque va vestido de rojo.
Un acólito de cierta religión se encuentra con otro acólito de esa misma religión en medio del desierto, y aunque no conozca de nada al sujeto, reconoce su forma de vestir y sus símbolos, y asume que comparte sus mismos valores, y por tanto confía en él. Le puede dar la espalda sin temor a ser acuchillado a traición.
Uno puede reconocer a un policía no porque conozca personalmente a ese hombre y sepa que es policía, sino por su ropa, por su uniforme. Podría ser un farsante disfrazado de policía, sí, pero confiamos en que no sea así.

He trabajado de figurante en películas de forma puntual, y ahí se ve estupendamente este fenómeno. Cuando llegas de calle te encuentras con decenas o cientos de personas que no conoces y con las que no sientes ningún vínculo. Te pasan por vestuario y maquillaje, y conforme vas saliendo, te vas arrimando y empezando conversaciones con los que están disfrazados de lo mismo que tú. Los policías con los policías, los ladrones con los ladrones, los nobles con los nobles, los lacayos con los lacayos. Y el resto del día haces grupillo con los de tu gremio ficticio a través de ese vínculo ficticio. Es ficticio pero funciona. El traje hace al monje, descaradamente.

La gente confía en el dinero a pesar de ser un trozo de papel, y comercia con él con desconocidos de los que en principio no se podría fiar. Si no actuáramos así nuestra capacidad de intercambio y cooperación se vería terriblemente limitada. La civilización se basa en actos de fe constantes necesarios.

Y así sería como, aun siendo minoría en el total, los sapiens barrieron a los neanderthales, aliándose en grupos mayores. Mil guerreros vencen a diez mil si los primero luchan todos juntos y en cambio los segundos luchan separados en pequeños grupos.

El fanatismo humano, la facilidad con la que creemos en entes imaginarios o seguimos a líderes desconocidos, es un gran poder y a la vez una gran vulnerabilidad explotada por algunos indivíduos para poner a otros a su servicio, o enfrentar a grupos entre ellos en base a identidades reales o construídas mentalmente.

Y en casos como el de la pandemia actual, nos va a permitir sobrevivir mejor que si fuéramos más anárquicos.
Y aquí también se ve que algunas sociedades, como las orientales, cooperan mejor para superar las crisis. Quizá porque son más uniformes y por tanto ven a sus conciudadanos, aunque sean mayormente desconocidos, más como parte de su tribu que en las sociedades más diversas.

lunes, 23 de marzo de 2020

Filas

Por las mañanas resulta curiosa la estampa de las calles donde se concentran locales de suministro de alimento y estancos. Las calles tienen una ocupación ligeramente inferior a la habitual, pero aun así hay bastante gente... sólo que sin trasiego. La mayoría están como maniquíes colocados en largas filas poco reconocibles a primera vista como filas debido a las separaciones superiores a dos metros. Las filas giran por manzanas, o las atraviesan y continúan en la siguiente. Cuando los comercios están muy cerca unos de otros las filas se las ingenian para no solaparse. No pasan coches. Hay un silencio propio de un pueblo.

Pero al contrario que un día habitual, donde el tiempo es oro, en estos días extraños, permanecer en una fila es otra excusa más para estar en la calle y que te dé un poco de sol si tienes la suerte de que ha salido en esos momentos y sus rayos riegan esa zona entre los edificios.
Lo de los perros ya lo comenté en la entrada anterior sobre la cuarentena. Hace días ví a un vecino muy deportista que habitualmente suele pasar bastante tiempo en la calle, haciendo deporte o alternando. Y le ví con un perro, cuando nunca antes le había visto con uno. De alguna forma se ha agenciado uno.

Estos días se han sucedido detenciones de "gente empoderada" que no entiende por qué no puede salir a hacer deporte o a pasear si las calles están vacías. Pero qué listos que son. Es como si por falta de alimento nos racionamos todos la comida a la mitad, y resulta que algunos dicen "no pasa nada porque nosotros sigamos comiendo ración completa, porque como los demás se están racionando, hay comida de sobra para todos".
¿Por qué no puedo irme al pueblo? ¿Por qué no puedo irme a caminar por el monte? ¿Qué daño hago?... "Y se llenaron las calles de gente paseando perros".

El virus éste no me preocupa realmente por mí, ya que no soy población de riesgo, sino que me preocupan mis padres.

El objetivo de este aislamiento social obligatorio se puede resumir en dos puntos:
1. Partiendo de que vamos a acabar contagiados todos, dilatar en el tiempo la infección, hacerla más progresiva y espaciada, no ponernos todos enfermos a la vez para no sobrepasar la capacidad de absorción de los recursos de salud de que disponemos. Además de dar más tiempo a los científicos que por todo el mundo ya están metidos en la búsqueda de soluciones.
2. Reducir la carga vírica de los contagios, que aumenta al estar expuesto a mayor concentración de infectados. A mayor carga vírica más letal y mayor rango de edades y estados de salud pueden verse afectados fatalmente.



La situación me sigue pareciendo surrealista, si me lo cuentan hace un año no me lo creo. Es algo insólito este estado policial de reclusión para una generación que hemos vivido en la mejor época de la historia de la humanidad en cuanto a seguridad, higiene, derechos y tecnología. Hasta tal punto que gran cantidad de gente asume como derechos cosas que son privilegios.
A lo largo de mi vida recuerdo varias guerras: la de la antigua Yugoslavia, matanzas de Hutus contra Tutsis, diversas en el Golfo y Oriente Medio; tsunamis; catástrofes naturales cíclicas...  y todo ocurría en un lugar lejano. Como mucho causaban revuelo mediático, pero aquí la vida seguía igual.
Y ahora se impone un estado de incertidumbre, y eso es lo terrible. Porque la situación per sé por ahora no es tan grave sino por el cambio brusco de reglas que supone.
Cuando ves una película de catástrofes, desde el punto de vista del espectador omnisciente o conocedor de la historia a posteriori todo parece muy fácil. ¿Por qué los judíos no huyeron en masa de Alemania cuando el austriaco con bigote aún no tenía el poder suficiente? Porque ¡cómo va a pasar nada! Vivimos en una sociedad civilizada, hay leyes...

Decía cierto youtuber que ahora mismo espera hasta una invasión alienígena. Y he tenido justo ese mismo pensamiento. El próximo año podemos encontrarnos con que toda la gente tiene que ir vestida de amarillo por la calle, porque hay una plaga de mosquitos mutantes muy peligrosos ante los que la única defensa es vestir de ese color que rehúyen. Y habrá patrullas de policías amarillos deteniendo y multando a la gente que salga de su casa de otros colores. Y vecinos espiando desde detrás de los visilllos y denunciando. "Policía, en calle tal hay un sujeto vestido de azul".


domingo, 22 de marzo de 2020

The Final Turururu

El primer recuerdo que tengo de esta canción es estando en casa de un amigo del colegio, a finales de los 80. Éste la tocó con el típico organillo de comunión CASIO que teníamos todos.
The Final Countdown, de Europe. Todo un himno aún a día de hoy.

Por lo demás, esta versión tiene una letra random que grabé con guitarra hace meses, de coña, y un videoclip también random, con aires extraños y apocalípticos para tiempos extraños e inciertos.
Empecé a dibujar con Inkscape el sábado por la tarde y me tiré toda la madrugada sin dormir hasta acabarlo.



martes, 17 de marzo de 2020

Cuarentena

Desde finales de febrero el tema del coronavirus era recurrente en casi todas partes, principalmente con comentarios jocosos y desenfadados, pero que al final te coartaban de toser.
Los chinos fueron los primeros en autoaplicarse cuarentena, cerrando sus comercios. Cosa insólita, pero que aun así no causó gran alerta entre los españoles.
Entre nuestro refranero faltaba éste: cuando las tiendas de los chinos veas cerrar, pon tus barbas a remojar.

Había recomendaciones, habladurías, y los medios y el gobierno restando importancia y animando a la gente a asistir a la manifestación hembrista.
El viernes pasado, tuve la buena ocurrencia de pasarme por un par de grandes superficies de bricolaje para comprar materiales para más cosas que quería hacer (llevo un par de meses haciendo pequeñas reformas poco a poco) y gracias a eso el fin de semana pude entretenerme con el bricolaje. Allí, por cierto, los empleados andaban también mascullando sobre el coronavirus, y en las cajas se habían colocado unas mamparas de cristal para separar clientes de cajeros.

El sábado, cuando aún sólo había recomendación de reclusión y no obligación, salí a la Casa de Campo, y me encontré el panorama de cualquier sábado por la mañana: lleno absoluto de deportistas, paseaperros y "picnic-queros". Luego me enteré que la policía andaba con altavoces recomendando a la gente regresar a su casa.
Ya el sábado por la noche salió el felón que está de presidente por la tele anunciando el Estado de Alarma oficial, y por tanto la prohibición de salir. Y el cierre de todos los comercios no esenciales, incluídos los almacenes de bricolaje.

El domingo no salí, pero observé por la ventana algunos que salieron a correr. Ahí sí la policía estuvo obligando a la gente a regresar a sus casas e incluso poniendo multas.
Desde este momento, si quieres pasear, sólo puedes hacerlo si tienes perro o con un carrito de la compra.
Los perros deben estar flipando, porque nunca antes les habían sacado tanto a la calle, ni tantas personas distintas turnándose.

 
Por la noche me sorprendió un ruído sobrecogedor en la calle como de cascos de caballos trotando por el aslfato. Escudriñé por la ventana y ví a mis vecinos asomados aplaudiendo. No me había enterado de esta inciativa, aunque supuse que se repetiría todos los días, y acerté, sólo que cambiando la hora. El primer día fue a las 22:00 y los sucesivos sería a las 20:00.

Los primeros días de la alerta la gente saltó a los supermercados a llenar carros, y la noticia en los medios, y el chiste, fue que acabaron con el papel higiénico.
Aún hoy hay colas para entrar en los supers, más exageradas en los más grandes y conocidos.
Hoy fui a un DIA sobre la hora de comer y sin colas en la calle (por la mañana sí las hay) ni apenas gente dentro. Sí había papel higiénico. Lo que estaba completamente arrasado era la carne, el pollo y la charcutería, y casi arrasados la pasta, arroz, frutos secos y legumbres.
A mí realmente no me preocupa que vaya a haber desabastecimiento, sino que suban los precios.

La mejor ayuda que podría hacer ahora el Gobierno es eliminar todos los impuestos. Pero no lo van a hacer, no son liberales sino todo lo contrario. Si hasta tienen ya su estado policial y todo. Deben estar priapíticos.


Una de las cosas que hice: un colgador de guitarra

lunes, 14 de octubre de 2019

Lobúo

A la ida, caminando por lo alto de una ladera del valle, espanté sin querer a un búho real que descansaba en un nicho rocoso. Voló hasta la otra ladera.

Regresando por el fondo del valle, ya oscureciendo, al pasar por esa zona, me fijé en una figura en lo alto de un risco que vigilaba el territorio con aire señorial. Estaba muy lejos pero distinguí dos orejitas y pensé que podía ser el mismo búho real, que son unos bicharracos de gran tamaño.
Por si acaso le hice unas fotos con el zoom al máximo para verlo posteriormente más grande (aunque pixelado) en la pantalla del ordenador.

Y al final resultó que no era un búho sino un cánido, posiblemente un lobo.





domingo, 13 de octubre de 2019

Amargas

El Febrero pasado llené una bolsa de un par de almendros de mi abuelo y me salieron todas excelentes.
Ahora, en otoño recogí lo que quedaba al alcance de esos dos y de otro más que estaba cargadito y con almendras de gran tamaño.
El caso es que fui tan confiado que no hice la prueba previa de rigor, y es que hay almendros amargos y almendros dulces (o menos amargos).

Ese tercer almendro resultó amargo y acabé con una bolsa con unas y otras mezcladas. Menudo problemón. Aunque al final, probando y comparando, hallé un método para distinguirlas a simple vista que me funcionó en el 100% de los casos, al menos con esos árboles: las almendras con forma de corazón (más redondeadas) eran dulces, y las más alargadas eran amargas.

Se podría sacar un refrán de aquí: Almendra larga, almendra amarga

lunes, 30 de septiembre de 2019

Voy a dejar que el humano crea que me gana...

Últimamente estoy muy viciado probando apps de móvil ya que, hasta hace poco, era uno de esos raros que seguía llevando un móvil pequeñito sólo para llamar, de prepago y gastando menos de 20 euros al año.

Me compré un móvil grande actual y, tras descargar las apps básicas de todos conocidas, empecé a pensar... ¿qué más puedo necesitar?...
Un luxómetro, un medidor de decibelios y frecuencias, un nivel, medidor de BPMs, pianito virtual, mapa de estrellas, mapa del metro, diccionarios, utilidades de GPS, calculadora científica...

Y tras dos meses de sólo "utilidades", al fin le llegó el turno a las chorraditas, es decir: los juegos: estos últimos días en especial he descargado juegos de mesa y de estrategia.

Todos los juegos en cuya resolución no interviene el azar tienen un algoritmo matemático de victoria, la cuestión es cuánto de simple es según las mecánicas, número y variedad de piezas, y posiciones posibles de éstas, y por tanto cuánto tiempo de procesamiento requiere en un ordenador calcular todas las posibles situaciones de tablero hasta un final determinado.
El ajedrez, por ejemplo, es un juego que, a pesar de tener una gran cantidad de combinaciones posibles, debido a su popularidad ha sido computerizado y estudiado desde los primeros tiempos de la informática (e incluso antes con aficionados memorizando y publicando libracos de jugadas) con lo que ya en el siglo pasado se obtuvieron programas capaces de ganar a las mejores mentes humanas.

El reversi (u Othello) es otro juego de mesa de dinámica mucho más simple, y por tanto más sencillo de modelizar y procesar. Es un ejemplo de juego contra en el que nunca he podido ganar contra la máquina, salvo que le limite el tiempo de procesamiento impidiéndola así mirar demasiado lejos en el futuro. Pues a fin de cuentas es lo que hacen estos procesos informáticos, rastrean todas las posibles situaciones de tablero hasta sus diversos finales, y escogen los movimientos que llevan a un final favorable.
Esto puede ser mediante un algoritmo, o mediante una colección de tablas (como los libracos de jugadas de ajedrez de la era preinformática). Así el nivel de dificultad se suele reducir limitando el tiempo o el número de iteracciones que se le permite a la máquina comprobar. En un programa de ajedrez, debido a su complejidad, la máquina puede tirarse bastante tiempo iterando, pero en juegos como reversi o damas, el proceso es más ligero.

En el juego de las damas, tras descargar una app en la que me resultaba muy difícil perder (en la modalidad de damas españolas, en las internacionales se le daba mejor, o a mí peor, porque no estaba acostumbrado y la cagaba bastante), probé otra en la que, muy al contrario, la mayoría de las veces o la máquina me ganaba o quedábamos en tablas. Pero una cosa me llamó la atención de aquel segundo programa. A pesar de que jugaba muy bien, a veces le daba por hacer algún movimiento estúpido.

Bien, parece ser que el juego de las damas es otro, como no podía ser de otra forma, que está resuelto matemáticamente de modo que el resultado final es inexorablemente tablas... siempre que ninguno de los dos jugadores cometa fallos.
Entonces, estoy sospechando que el funcionamiento de esta segunda app consiste en ejecutar un algortimo perfecto de victoria combinado con un generador de torpezas casuales en algunos turnos aleatorios, de modo que el jugador humano tenga alguna posibilidad de ganar y no se frustre. El muy ingénuo...


martes, 24 de septiembre de 2019

Subgraves

A intervalos regulares la central nuclear emitía un sonido profundo en bajas frecuencias, ultragraves, de esos que se sienten más que se escuchan.
Me recordó al sonido de los rayos en un día de tormenta... pero cuando la tormenta está cayendo no en tu zona sino a unos cuantos kilómetros. Los truenos se escuchan como una implosión grave, ahogada, sin medios ni agudos, proveniente de la lejanía, seguida de una ola de reverberación a menor volúmen recorriendo el cielo encapotado que dura unos segundos hasta disiparse.


domingo, 22 de septiembre de 2019

Originales y fakes

Cuando quieres hacer composiciones u obras derivadas es muy cómodo trabajar con material antiguo, pues al carecer de derechos de autor tienes total libertad.
Si bien los íconos contemporáneos son más poderosos a la hora de transmitir mensajes o provocar reacciones, pues son más reconocibles por la mayoría de la gente, utilizarlos pueden significar la censura de tu trabajo, por el tema de copyright.

Mientras recopilaba imágenes de hace siglos por la web para la animación pictórica del videoclip de Vivaldi de la entrada anterior observé que, además de los originales, hay una cantidad creciente de versiones modificadas de las obras clásicas (y modernas), para hacer memes o lo que sea. Normalmente canta a la legua que están modificadas, pero no siempre.

Esto me recuerda a las partituras de piezas clásicas con pequeños arreglos que pueden pasar desapercibidos pero constituir una trampa para el que desprevenidamente pretende interpretar una canción que en principio no tiene derechos de autor.
Ya comenté hace tiempo el negocio que tenían ciertos miembros de la SGAE con Televisión Española, emitiendo piezas de música clásica de madrugada. Pero en lugar de interpretar las partituras originales, les metían unos pequeños arreglos, que no alteraban el conjunto de la pieza, pero que se traducían en que de ese modo podían cobrar por la propiedad intelectual de una obra que en principio era de dominio público.
Al igual que ocurre con la música, podría ocurrir con las imágenes. Si intenet comienza a llenarse de obras originales antiguas, que no tienen copyright, con pequeñas modificaciones, cuando alguien busque una imagen para un trabajo profesional, puede estar descargando sin saberlo no el original, sino una obra derivada y por tanto con derechos de autor, con lo que tras usar esas imágenes en su trabajo, ignorante, podría ser reclamado por el autor de la variación.

Por poner un ejemplo muy nimio, la primera imagen forma parte del cuadro original de Apollonio Domenichini que usé en el videoclip de Vivaldi de la entrada anterior:

Y en la segunda imagen está el fondo que realmente usé, donde eliminé toda persona o bicho que no estuviera detenido e incorporé al señor Vivaldi paseando por la calle:


Si la segunda imagen se filtra a Google, con las variaciones y postizos que tiene en el vídeo, alguien podría estar pensando que descarga una imagen sin derechos de autor del siglo XVIII, cuando lo que está descargando es una obra derivada del siglo XXI. Un problemón y una trampa si el autor de la obra derivada es una sociedad reclamadora de derechos de autor.

Y aunque el autor de la obra derivada no tenga intenciones de denunciar, el que tomó la imagen puede que la usara para ilustrar un trabajo sobre ese pintor. Imaginad la vergüenza tras publicar y ser notificado que la ilustración que usó no es la original del pintor, sino que tiene adulteraciones.

Hay otros ejemplos más descarados de composiciones a base de recortes de múltiples cuadros, que si bien no se confundirían con ninguna de las obras originales en concreto sí que podrían inducir a pensar al que se descarga la imagen que se trata de alguna pieza original antigua y por tanto utilizable sin problemas de copyright, cuando en verdad es un colash moderno.
Al igual que pueden inducir a error autores modernos que imitan estilos antiguos en sus disciplinas.

Supongo que en el futuro la IA vendrá al rescate, con servicios de autentificación de obras, asegurándonos que no tienen modificaciones ni marcas de agua disimuladas, que eso es justo lo que buscábamos y no algo parecido, un "caballo de troya" de propiedad intelectual.

Vivaldi RV638

Recuperando la idea que usé para el videoclip de El Regreso de los Mosqueteros, he hecho otra pictoanimación con obras del periodo barroco, siglos XVII y XVIII, al son de una versión de la RV638 de Vivaldi.
La original es una canción de temática religiosa titulada "Filiae maestae Jerusalem" cantada por una voz masculina de contralto, que para una voz masculina es la tesitura más aguda y más inusual que hay, y que se suele alcanzar mediante la técnica del falsete. De hecho entra dentro del rango de clasificación de voces femeninas o infantes, y al escucharlo puede parecernos que canta una mujer.
Para una voz femenina es la tesitura más grave, y puede pasar por la voz de un hombre. En el grupo que tuve hace muchos años, inicialmente teníamos una cantante contralto, y cuando la gente escuchaba las grabaciones se pensaba que cantaba un tío.
En todo caso mi versión es instrumental.

Vivaldi fue cura y dependió gran parte de su vida de su trabajo para la Iglesia y los encargos musicales de ésta y otros nobles. Así que tenía que componer temas acordes a las demandas y temáticas de sus mecenas. También hizo sus pinitos de "marketing" global dedicando canciones a reyes extranjeros a ver si haciendo la pelota por aquí y por allá reclutaba más patrocinadores.
El emperador Carlos VI de Austria se declaró admirador suyo, hecho que aprovechó Vivaldi en una época en la que empezaba a pasar dificultades económicas para mudarse a ese otro país, con la esperanza de beneficiarse de las influencias de la corte, pero con tan mala fortuna que el emperador murió al poco de que nuestro protagonista llegara a Viena. Y allí acabó sus días en la pobreza.




Los pintores de los cuadros utilizados son los siguientes: Anton Domenico Gabbiani, Pietro Longhi, Diego Velázquez, El Greco, José de Ribera, Johannes Vermeer, Emanuel de Witte, Giovanni Antonio Canal (Canaletto), Nicolas Régnier, Francesco Lazzaro Guardi, Apollonio Domenichini, Jacobus Vrel, Annibale Carracci, François de Troy, Elias Gottlob Haussmann ...

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Falacia del punto medio

A a B: Dame 100 euros.
B a A: No te voy a dar nada.
Entonces llega C y le dice a B: No seas tan extremista como A, dale 50, el punto medio.

Rotura del punto medio:
B a A: No sólo no te voy a dar 100 euros, sino que voy a pedirte 1000 a tí, y ahora, C, aconséjale a A que me dé a mí 550 euros, el punto medio,  para no ser extremista.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Pobreza

Hay gente tan pobre que sólo tiene dinero
Hay gente tan pobre que sólo tiene recuerdos