lunes, 5 de noviembre de 2012

Trabajos de hoy en día

-Y usted ¿a qué se dedica?
-Soy Dios.
-¿Dios?
-Sí, pero no ejerzo aquí, sino en otro planeta.
-Vaya, eso debe de conllevar mucho tiempo en desplazamiento hasta el lugar de trabajo.
-Un poco, pero se lleva bien teniendo chófer.
-¡Anda con chófer y todo!
-Claro, no se pensará que Dios iba a tener que conducir su propio coche.
-Y, dígame ¿es difícil ser Dios? tener que actuar ante tanta gente...
-Que va, mire. Yo sólo tengo que tratar ante mis subordinados directos: los profetas. Y ellos se encargan luego de dar la cara ante las multitudes. Les dicto mis mandamientos y hago apariciones un tanto espectaculares para mantener la moral alta. Pero siempre ante grupos pequeños y selectos. ¿Sabe? Un Dios nunca debe establecer contacto directo con las masas, pues acaba perdiendo el respeto del misticismo y la inalcanzabilidad. Es como los mitos, los héroes y las leyendas, cuando los ves de cerca se vienen abajo las  sobrevaloraciones que te habías hecho mentalmente. Tampoco debe uno inmiscuirse con los problemas cotidianos o hablar de política, un ser divino está muy por encima de eso. Un Dios debe recurrir siempre a sus subordinados como intermediarios para los temas terrenales. Dios debe declarar oficialmente unas bases generales e inconcretas, la aplicación práctica deben de interpretarla los subordinados... pero como cosa suya ¿sabe?
-Entiendo, así si algo sale mal o provoca descontento, es culpa de los subordinados, que no supieron interpretar bien las sagradas palabras.
-Ahí estamos. Los subordinados son prescindibles, se quitan los que fallan y se ponen otros. Dios siempre sigue pues nunca falla.
-Y lo de los mandamientos ¿cómo lo hace?
-Siempre a través de profetas, como le digo. Yo nunca firmo nada, les dicto y ellos toman nota, y luego van y lo cascan por ahí. Mire, los últimos mandamientos que he ordenado han sido "NO TALLARÁS EL NOMBRE DE DIOS EN ÉBANO" y "NO CANTARÁS".
-¿No cantarás? ¿Me está diciendo que le ha prohibido cantar a sus creyentes?
-Totalmente, pero no sólo a mis creyentes. Mis mandamientos son para todo el mundo. El cargo de Dios cuenta con una policía especial para castigar a herejes y listillos que se creen que por no creer pueden hacer lo que les dé la gana. Aunque si le digo la verdad, la mayor parte de las veces son los propios creyentes no asalariados los que mejor hacen de policía en interés de nuestra empresa.
-Y dígame ¿se gana mucho?
-No le negaré que es un negocio lucrativo, muy lucrativo. Se recauda mucha riqueza en mi nombre en concepto de ofrendas, pero la mayor parte se la van quedando los subordinados por el camino.
Y usted ¿a qué se dedica?
-Soy agrimensor.
-¡Anda ya! ¿está bromeando?
-No, en serio, en serio, soy agrimensor diplomado por la universidad de Kenbrich.
-¡No me tome el pelo!
-Está bien, no quería decírselo, pero en verdad soy propietario de un negocio: un gimnasio para pulgas en La Moraleja.
-Eso ya es otra cosa. ¿Y le va bien? Ahora con la crisis...
-Mejor que nunca, a la gente que tienen tanto dinero como para gastarlo en apuntar a sus pulgas al gimnasio no le afecta la crisis.
...

2 comentarios:

Piedra dijo...

Los dioses estamos muy infravalorados últimamente.

¡Después os quejáis de los huracanes!

Kasandra dijo...

Je, je, es gracioso el relato. El gimnasio para pulgas me ha recordado a 'El Misterioso caso del asesinato del domador de pulgas del circo de Montmartre'.