viernes, 5 de agosto de 2011

Más ojos brillando en la oscuridad

Hoy hacía una noche fresca por la Casa de Campo.
En un par de ocasiones me detuve apagando las luces para contemplar la luna medio menguante, amarilla en el horizonte tiñendo algunas brumas, y localizar las constelaciones que esta noche se veían muy bien. Se nota el vaciado de Agosto, apenas un par de encuentros con otros humanos (lejos de la zona del Lago, que es cubil de putas y puteros) y sobre todo silencio.
Bajando por unas pistas vislumbré en varios lugares del suelo unos pequeños brillos que reflejaban la luz de mi frontal, blancos y a la vez de todos los colores, como si fueran pequeños diamantes... u ojos de un animal.
Efectivamente, eran ojos, pero de arañas. Eran de la misma especie que fotografié en primavera, pero más creciditas. Es impresionante cómo les brillaban los ojos para lo relativamente canijas que son.

Más adelante me topé con un buhíto -o un autillo- plantado en medio del camino. Frené lentamente hasta detenerme justo delante de él. Parecía abstraído en sus pensamientos, tardó unos segundos en reaccionar y echar a volar.

El Lunes había hecho otra vuelta nocturna con la bici, con L., aunque el tiempo fue muy distinto. El cielo encapotado acumulaba el calor del día haciendo el aire agobiante y sofocante. El viento soplaba anunciando tormenta, pero no hacía más que levantar nubes de arena seca que se estrellaban contra los ojos, hasta que cayó por fín la lluvia en forma de gotas gordas y frías. Sólo fueron un par de chaparrones muy breves, lo que tardábamos en pasar por debajo de la nube llorona de turno.

Fuimos por el anillo, y como vivimos en extremos opuestos de Madrid, me volví luego yo solo atravesando la ciudad de M-30 a M-30.
Al pasar por Sol observé el campamento de los indignados okupas. Desde que anunciaron que se retiraban y que sólo dejarían un puesto de información el campamento había vuelto a crecer disimuladamente, con algunos módulos y tiendas Quechua, a parte de los que estaban en el Paseo del Prado.
Aunque fueran las 3 de la madrugada, por Sol siempre hay trasiego de gente, pero nada parecía anunciar que 3 horas después, a las 6 de la mañana la policía les echaría de ahí... ¿o sí?

Las cuatro gotas gordas que cayeron, más que lavar las calzadas formaron un potingue negro grasiento con toda la mierda acumulada en el asfalto de los días que llevaba sin llover. Y al ir sin guardabarros, llegué a casa pringado de puntos negros, yo y la bici.

2 comentarios:

Zuviëh dijo...

Como una capulla he entrado en el enlace de la foto y se me han puesto los pelos de punta. xD

Herel dijo...

Pues están por todas partes, sólo que normalmente no nos fijamos.