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jueves, 11 de agosto de 2011

bicicleteando por el sur de Francia

Salimos de Irún sobre las 4 de la tarde, tras haber llegado y comido algo.
Lo que más nos costó fue salir de Hendaya por el laberinto de calles que terminaban en fondo de saco, para alcanzar un camino que discurría por los montes de atrás, y por el que nos evitaríamos algunos tramos de la carretera principal.
Tras dejar atrás las últimas maisons y encontrarnos en plano campo, con un tractor al fondo subiendo por un patatal a 45 grados, respiramos con alivio.
En San Juan de Luz volvimos a la carretera principal, con un trasiego contínuo de vehículos, y más o menos así seguimos hasta Biarritz, saliendo de vez en cuando por caminos playeros.
A la salida de Biarritz empezaba el EV1 propiamente dicho, el carril bici que recorre la costa Atlántica de Francia, y por él llegamos hasta Bayona, donde pillamos alojamiento. Esa noche había allí montada una fiesta rociera, con una orquesta cantando canciones en español con flamenqueo y gitaneo, del tipo  "Nanai nanaaai" o "Lolailoláaa".

El día siguiente amaneció lluvioso, y saliendo de Bayona nos cayó un pequeño chaparrón con rachas de viento cuando hacíamos un pequeño tramo de carretera entre fábricas de serrín y camiones.
Al poco salió de nuevo el sol, compramos en un supermercado madrugador y nos desviamos hasta la Playa del Metro a desayunar. Aunque lo hubimos de hacer en el aparcamiento, tras las dunas, protegidos del viento costero que disparaba salvas de arena picante contra la cara.

Por todas partes hay bosques de altísimos pinos de repoblación que a veces hacen de techo al bosque autóctono, que alcanza menor altura y crece por debajo a modo de sotobosque. Por esta zona predominaban enormes especímentes de alcornoque y roble. Este último será el árbol autóctono más común en todo el recorrido (recordemos que el pino, aunque abasalladoramente más abundante, es especie introducida para repoblación y explotación).

Cada vez hay más campings bajo los pinos, por la zona de Capbreton, campings de gran extensión, adosados unos con otros, y el carril bici se convierte en un infierno de veraneantes pedaleando, paseando o corriendo. Algunos papás llevan a sus hijos en carritos de esos enganchados atrás de la bici. La mayoría de los chavales van completamente sobaos (¿o muertos?), y los que no, con cara de mala leche y aburrimiento por tener que estar encerrados en la dichosa cajita con ruedas.

Hacemos un alto en Léon (que no León) para comer. Pedimos unos espaguettis, y los platos son tan grandes profundos, que con uno hubiera bastado para dar de comer a los dos. Nos llenamos hasta no poder más, dejando la mitad, y seguimos con el mismo panorama entre pinares sin fin, playas y campings.

Poco antes de las 7 llegamos a la playa de Mimizan. Preguntamos en todos los hoteles y están todos llenos, así que continuamos hasta Mimizan-Centro. Mismo panorama, incluso los campings están completos.
Antes del anochecer nos metemos en un bosque a dormir. Elegí una zona alejada y espesa para que nadie nos viera desde la carretera ni desde las pistas forestales.
Estuvimos ahí como una hora entre montar el tinglado y acomodarnos, se había hecho de noche, la luna se alzaba en el cielo entre las ramas, y de pronto, escuchamos unos pasos apresurados al trote que se acercaban directos hacia nuestra posición.
Fue cosa de segundos, nos habíamos quedado helados esperando lo que tuviera que llegar, cuando escuchamos frente a nosotros, sin poder ver nada por la espesura, [NJGROOO]...
¡Un jabalí!
Mi compañero de viaje echó a correr por el bosque. Yo me puse detrás del pino que tenía al lado y me encaramé un par de metros del suelo. Escuché al jabalí moviéndose hacia la derecha, y le grité lo más terriblemente y alto que pude para asustarle.
Cuando parecía que se había marchado, llamé a mi amigo para que regresara.
Recoge como sea. Nos vamos cagando leches.

Tras salir del bosque y reorganizarnos al lado de la carretera, estuvimos algún tiempo pedaleando por la zona (por cierto, había por el carril bici de las mismas arañas que había visto en Madrid unos días antes), buscando un inexistente lugar donde guarecernos, hasta que optamos por deshacer el camino hasta el centro de Mimizan, donde pasamos la noche bajo un porche para protegernos de algunas gotas que cayeron. No pudimos dormir, porque nos quedábamos helados si estábamos quietos o si nos tumbábamos en el suelo. No traíamos ni tienda ni saco. Así que estuvimos revoloteando por ahí y picoteando los frutos secos que llevábamos por tener algo que quemar para producir calor.

Esperamos a las primeras luces del alba y continuamos el camino hacia adelante, con desgana y con malestar.
En Gastes, junto al lago, estaban empezando a montar una especie de feria, y allí, en un puesto, desayunamos un café CALIENTE y un "crêpe" de azúcar, y eso me devolvió la vida y las energías para seguir con otro ánimo, además de los primeros rayos del sol, que son como caricias cálidas.
Intentamos buscar alojamiento por la mañana en Biscarrose-Centro, en Biscarrose-Lago, y en Biscarrose-Playa... Imposible, todo completo, petao, petadísimo, pocas plazas de hotel -llenas- y mucho camping, también lleno. Era como una pesadilla, no había habitaciones en ninguna parte, ni incluso recurriendo a hoteles de altos precios, cartel de completo partout.
Seguimos hacia adelante entre los bosques de pinares característicos de ésta región de Les Landes. Pedaleando a  la altura de la famosa Duna de Pilat había una marabunta tremenda de visitantes. La carretera atascada de coches y caravanas, el carril bici invadido por caminantes, y campings... Intentamos acercarnos a la duna, pero había tanta gente por el estrecho camino que iba hacia ella que optamos por pasar y tirar pa'lante.
Nos pasamos Gujan de largo sin querer, y dimos la vuelta, pues esperaba encontrar alojamiento en aquella ciudad con pinta de ser poco playera en medio de tanto centro vacacional. Efectivamente, ahí encontramos una agradable habitación-bungalow con porche para dejar las bicis, y respiramos con alivio. Al fin podríamos descansar.

Al día siguiente, a la vista de la incidencia de la noche preanterior y de que la siguiente etapa se introducía de nuevo por la costa a través de áreas playeras vacacionales, decidimos tomar un tren a Burdeos desde la estación de tren más próxima con conexión directa.
En Bigone nos encontramos con que teníamos línea directa con Hendaya, así que regresamos a España sin pasar por Burdeos.
Ya puestos, en vez de quedarnos en Irún, como aún era pronto, por aprovechar el día, reservamos desde allí el autobús de regreso, y continuamos con la bici hasta San Sebastián, por Hondarribia, con una dura subida al Jaizkibel en la que empezaban a resbalarme las manos del manillar del sudor (en Irún marcaban 30 ºC sobre las 13:00) -y posterior divertidísima bajada en la que la bici se me llegó a poner a 60 km/h sin pedalear- siguiendo por Lezo y Pasaia, todo conurbanizado hasta la capital guipuzkoana. Como esto no estaba planificado, hicimos un poco de acera-bicismo a la salida de Lezo para esquivar la autopista, aunque visto posteriormente desde Google Earth, parece que hubiéramos podido evitar esas aceras.
En el casco viejo nos tomamos unas sidras y txakolí con unos pinchos para celebrar el fin del viaje.
Sólo un par de rondas, pero me pillé un contentillo de risa tonta... No sé si porque al final todo salió bien o porque no suelo beber.

En Madrid hace ahora un calor bestial.
Mirando hacia el Sur desde Biarritz
¡Qué envidia ver a la gente refrescándose con la que está cayendo!
Colorida calle de Bayona
La playa del Metro
Llamada de atención sobre los peligros de hacer el funambulista sobre las altas pilas de troncos acopiadas provisionalmente junto al camino.
No, no son "indignados". Aquello estaba lleno de campings bajo los pinares
Intento de dormir en los bosques
el lago de Mimizan exalando brumas al alba
La duna de Pilat
Una agradable cena para llevar, en el porche de la habitación de Gujan
También hay quien no respeta el carril bici por esos lares
Descendiendo el Jaizkibel hacia Lezo con unas vistas fascinantes de un mar azul intenso

sábado, 29 de enero de 2011

Desorientado en la nieve

Al llegar por la mañana el acceso a Canto Cochino estaba cortado, de modo que aparqué en el parking de abajo, como la mayor parte de la resignada gente.
Y aproveché que salía de ahí para cruzarme el monte que separa esta zona del río Manzanares, dejando el sendero de Quebrantaherraduras para la vuelta.

Había niebla por valles, y en movimiento, y nieve. Cuando salía el sol, las ramas de los árboles, vencidas por el peso de la nieve, se agitaban provocando una ducha espolvoreada, que hacía que lloviera casi constantemente dentro del bosque. Cuando el sol se ponía la lluvia paraba, y todo quedaba en calma blanquinegra.

El plan inicial era subir al Collado Miradero y luego bajar por el otro lado a interceptar las Zetas, pero no pudo ser. Ese plan sólo era viable yendo a tiro hecho por sendas, y sin los kilómetros extra de regalo al no haber salido directamente de Cantocochino.

Para seguir la senda la nieve me supuso un verdadero problema, ya que ocultaba las marcas y los mojones de piedras. Por otro lado, tras dejar atrás el cruce del Majadillas-Arroyo Pollo, la nieve estaba completamente virgen, no había pasado nadie delante de mí cuyas huellas pudiera seguir (que es otra opción cuando no se ven las marcas).
Milagrosamente acerté a llegar hasta "Cuatro Caminos" e inmediatamente después me perdí de la ruta: acabé donde ya temía que podía acabar, en un canchal de enormes bloques de granito que anda por ahí...
Como antes había usado huellas de vacas, perros y conejillos para buscar la mejor ruta por la nieve, decidí seguir unas huellas de cabra que ví, pero sólo me llevaron hasta donde estaban las cabras...

Tras algunas vueltas logré salir de ese laberinto, proseguí ascendiendo bajo el bosque, evitando abandonarlo (porque si te sales del bosque toca laberinto de pedrolos), hasta que se abrió un claro y ví el paredón de Las Torres... y comprendí que me había ido hacia el lado contrario, hacia el Collado de los Hoyos.

Cambié de dirección, hacia Collado Miradero, perdiendo altura poco a poco, con cada vez menos intención de subir, después de la trilla que me había metido y lo que me quedaba para regresar.
Al final intercepté el GR que hubiese querido seguir desde un principio, con sus mojones bien ocultos bajo la nieve y sus marcas blanquiamarillas más bien escasas, y ya, en lugar de para subir, lo usé para bajar... hasta que lo perdí de nuevo y hube de sacar el GPS que me señalara el waypoint que marqué antes en "Cuatro Caminos", a 200 metros estaba. Desde ahí ya era cuestión de seguir mis propias huellas... y las que se habían añadido.

Una cosa es que tenga trillada La Pedriza, y otra que me conozca las sendas, porque la mayor parte veces me pierdo voluntaria o involuntariamente (como en este caso) y acabo llegando a los sitios campo a través... El caso es que como normalmente me da igual llegar a un sitio que a otro, siempre acabo llegando... a donde sea. Y ahí está la gracia, ir barriendo zonas nuevas.

Al final fueron 19 kilómetros, tenía las manos y los pies fríos y calados, por no haber llevado escarpines ni guantes de neopreno (y eso que los tengo, pero subestimé la nieve, me llevé en cambio los guantes del Decathlon esos que valen 1 euro ;P).
La densidad de la niebla cambiaba, y así, en cosa de segundos, el sol desaparecía, se mostraba como un borrón brillante, o como un disco perfecto.
Un risco fuera de las rutas más populares
Coladas de hielo en el Río Manzanares
El bastión del Pájaro a lo lejos.
El Pájaro de lado, con La Muela en lo alto
Coníferas nevadas
Bajo las ramas, a la que hacía algo de sol, empezaba a llover nieve espolvoreada
La nieve oculta la superficie y los bordes de los grandes bloques, ralentizando el avance sobre ellos.
Momentánea escapatoria de las zonas de bloques
Un pino silvestre de una envergadura llamativa, que brota haciendo cuña entre dos bloques de granito.
El bosque en calma en la zonas altas con el cielo cubierto
Calma total
Aquí me doy cuenta, por el paredón que se levanta sobre los árboles, que me he ido hacia el lado contrario
Claro con nieve espumosa, cerca de La Bota
De regreso, me vuelvo a encontrar a la familia Cabra al completo. Además, al lado de una de las malditas marcas que estaba buscando
Un techo bajo el que descansar... pero con los pies empapados no hay ganas de descansar, sino de regresar cuanto antes y poder quitarse esos calcetines tan mojados que los lanzas contra un cristal y lo rompen.
Regresando por la senda Quebrantaherraduras y mirando hacia atrás, antes estaba allí, y ahora estoy aquí. Es una simple cuestión de tiempo.

sábado, 18 de diciembre de 2010

más carriles bici

Desde Google Earth tenía fichados unos tramos de carril bici que en las fotos del 2009 aún no estaban terminados, pero uno de ellos tenía conexiones por descampados así que me aventuré a hacer una ruta de un lado a otro del Anillo Ciclista atravesando el centro por El Retiro, y cerrando el circuito por la zona sur del Anillo.

Al final parece que los tramos están concluídos, pasado el Pirulí (el carril prácticamente pasa por debajo del "OVNI"), uno conecta con el Anillo a la altura del Estadio Olímpico y el otro también con el Anillo a la altura de Fuente Carrantona, atravesando una zona de urbanización reciente.

Ha estado bien, casi todo el trayecto por carriles bici, salvo un pequeño callejeo sin apenas tráfico desde el paseo del río hasta el carril del Pasillo Verde Ferroviario (que poco tiene de verde, fue una maniobra de soterrar vías para hacer viviendas y alguna zona ajardinada del tipo "explanada de hormigón con arbolitos"), y luego desde Delicias por el Paseo de las Delicias hasta Atocha.
En este último tramo, acercándome a Atocha tuve que saltar a la acera debido a la congestión del tráfico, que hacía peligroso quedarse ahí en medio del follón.

Total 41 kilómetros en 2 horas y media.

Ruta, marcando en amarillo los tramos en los que había que compartir calzada con los coches

Panorámica desde el Parque Sur del Manzanares

El Río Manzanares

También me hice (no el mismo día) la ruta del anillo cortocircuitado por el norte, saliéndome por el carril bici del Estadio Olímpico. Todo hasta el Retiro es carril bici, salvo un pequeño tramo que corre junto al Cementerio de la Almudena donde hay "acera-bici" (acera normal con placas de bici).
Atravesado El Retiro, en Atocha tirando hacia el museo Reina Sofía, metiéndome por las callejuelas de Lavapiés, por las que se rueda muy bien sin apenas tráfico.
Tras tomar calles medio al azar desemboqué en Ribera de Curtidores y desde ahí todo cuesta abajo hasta encontrar el carril bici del Pasillo Verde Ferroviario, que nos lleva hasta el paseo del río. Sólo falta entrar en la Casa de Campo para encontrar de nuevo el Anillo y cerrar el circuito.
Esta ruta es un pelín más larga que la otra, 48 kilómetros.
Ruta del Anillo con "by-pass" por el norte. En amarillo se marcan los tramos de carretera y en verde las aceras-bici

Cruzando la A-1 por Sanchinarro

Pasando por debajo del Pirulí
El estanque del Retiro

jueves, 21 de octubre de 2010

La casa menguante.

La Casa de Campo no ha parado de menguar, de tanto trillarla en estos meses con la bici buscando cada día un trozo de ruta diferente, ir por donde nunca antes había ido.
Y ha sido posible prácticamente siempre debido a que este bosque prostituído está profusamente arado con sendas, caminos, y cortafuegos, muy próximos entre sí. Vías paralelas y perpendiculares, a veces pegadas. A eligir: la carretera, al lado el camino, al lado el sendero, y luego el cortafuegos... y unos metros más allá otro cortafuegos u otra senda. Es fácil estrenar cada día un trozo de recorrido nuevo.

No hay escondites, no hay lugares recónditos ni secretos, no hay naturaleza salvaje. Cada palmo de suelo ha sido pisoteado, palpado, arado, contemplado, examinado, respirado, meado... por miles de personas cada día.



lunes, 16 de agosto de 2010

Por las jorobas de Montserrat

Este finde me fuí a Barcelona, y a la vuelta, al igual que la anterior vez que me llevé el coche, paré en Montserrat.
Poco había cambiado, la anterior ocasión fui sin planificar nada, sin mapas y sin saber por dónde se iba ni dónde se aparcaba, a ojo desde la autopista. Esta vez tanto de lo mismo, pero como en la otra excursión aparqué en el extremo sur, en Collbató, hoy lo hice en el extremo noroeste.
La anterior vez tenía muy poco tiempo antes de la noche, hoy en cambio llegué por la mañana, pero como me esperaban luego 6 horas de coche hasta Madrid tampoco dí una vuelta muy larga.

Aparqué en Can Maçana. Todo estaba muy bien señalizado, así que tomé por el camino que indicaba hacia el monasterio, que marcaba unas cuatro horas.
El camino, y luego sendero, discurría entre la carretera y los altos farallones sobre los que despuntaban las famosas jorobas. A diferencia de la ruta de Collbató, donde podías hacer monte a través o tirar to' derecho p'arriba, aquí la vegetación era tan exuberante que debías limitarte al sendero (o ponerte en plan Rambo con machete). A parte, a la derecha se levantaban unas paredes completamente verticales, y de tanto en tanto alguna canal, que desde esa perspectiva no aseguraba que fuera trepable.
De vez en cuando salían senderos ascendentes en dirección a las paredes, los fuí descartando (pensando que serían las vías de los escaladores para aproximarse al pie de las verticales), hasta que me decidí a seguir uno de ellos, pasada la Roca Foradada.
El sendero, con marcas azules, ascendía por una canal con tramos de gran pendiente pero fáciles de trepar agarrándote a la roca o a las raices.

Y por fín alcancé la base superior, más soleada y donde la maraña se abría un poco. Desde esa altura podías asomarte al abismo y contemplar las jorobas más de cerca, sin la vertiginosa perspectiva de abajo.

Por arriba una senda amarilla que tanteé en una dirección para luego regresar hacia la otra, algunos refugios en la roca, y de nuevo me desvié por una senda azul. Y a subir y bajar por más canales.
Creo que las sendas azules indican precisamente eso, las sendas que discurren entre las canales de las jorobas y que por tanto tienen un desnivel considerable. Te obligan a usar las manos para superar algunos puntos.
También las hay rojas, pero por ahí ya no fuí...

Por esa senda subías entre densos bosquetes en umbría hasta alcanzar un alto muy cerca de algún grupo de jorobas desde donde tenías vistas hacia todos los horizontes (menos las partes que tapaban las jorobas más altas), luego tocaba volver a bajar vertiginosamente hacia el bosque, y posteriormente subir de nuevo hasta otro alto. De vez en cuando surgían brechas estrechas entre las jorobas, entre las que te podías asomar para comprobar la fuerte caída vertical.

Como digo, todo perfectamente señalizado con pinturas en los árboles y las rocas, de modo que era imposible perder la senda. Y si por casualidad la perdieras, seguramente terminases al borde de un abismo.

Dí unas vueltas entre las jorobas para terminar descendiendo en zizgag por otra canal -"Portell Estret"- hasta desembocar en la senda principal.

Las fotos están hechas con el móvil pues se me olvidó llevar los cargadores de pilas y mi máquina de fotos, si no la recargo el día anterior, es un cadáver.

El camino principal se dirige hacia la "Roca Foradada", que está horadada con un hueco de forma triangular.

La Roca Foradada de cerca, con una cabeza en su extremo. Hasta aquí las paredes de la derecha (Pared d'Agulles) son una auténtica muralla vertical. Al otro lado aparecerán más canales.

El "Bastó del Frare". Aquí parecía haber habido un desplome. En volado había montadas dos cuerdas en doble. Si estás arriba y llevas arnés y un "8", es un buen atajo para bajar.

La primera senda de marcas azules, dejando el camino principal, que asciende entre rocas y tejos cuyas raíces son un estupendo agarre.

Terminada la canal se accede a la base superior, más abierta y donde empieza a proliferar una especie de encina parecida (si no igual) a la que crece por el Cantábrico, más delgada y selvática que las de las dehesas del interior. A la derecha de la foto están "Els Caporals".

Por la zona abundan los abrigos en remetidos de roca, en uno de los cuales observé esta muestra de arte rupestre del homo independentistis.

"Serrat de la Grip ", "La Nina" y "La Monja" medio escondida. Tras una cómoda senda amarilla, la cambio por otra azul que asciende hacia esas jorobas.

Tras mucho subir, de vez en cuando alcanzas altos como éste, ocupados por familias enteras de muñecos de roca. Pero luego toca volver a bajar rumbo a otra joroba. (foto tomada desde el pie de "La Monja")

Una brecha. Puedes asomarte pero no bajar, pues la caída hacia abajo es vertical.

Y más jorobas, de caliza y conglomerados. (foto desde Morro Pla)

Y éste es el recorrido, unos 10 kilómetros por el sector llamado "Frares". Es sólo una pequeña parte del Parque de Montserrat. Hay jorobas pa' rato.

*  La toponimia la he sacado a posteriori gracias a esta página.