De nuevo estoy intentando pasarme a Ubuntu (siempre lo instalo en una partición, pero al final apenas lo uso).
El sistema me gusta pero tiene varias pegas, unas objetivas y otras derivadas de la costumbre.
Cuando estás acostumbrado a un sistema, cambiar a otro puede resultarte antipático. Así me resultaban muy antipáticos los PCs con su MS-DOS y su Windows-95 cuando vine del Amiga. O me siento incómodo al cambiar de un software determinado a otro, aunque tenga la misma o mayor funcionalidad. Lo tengo memorizado, sus herramientas, sus íconos, y el cambio me descoloca y me hace sentir perdido. Inluso al cambiar de un ordenador a otro: el teclado, el tamaño de la pantalla y sus matices de color...
Una vez me acomodé a Windows, con el 98, al instalar un XP, Vista o 7 lo primero que hago es seleccionar el tema de escritorio clásico.
Luego está el tema del software, que es el punto gordo y decisivo que impide que puedas rodar exclusivamente con Linux hasta tal punto de "hacerte" a él. Linux dispone de un gran surtido de aplicaciones gratuítas. Windows dispone de más, de igual o mayor potencia y calidad, aunque no gratuítas; e incluso dispone de aplicaciones técnicas y sectoriales que no existen para Linux.
Lo de que sean o no gratuítas al final no es un gran impedimento si hablamos de precios razonables, que no es el caso de ciertos programas con escasos rivales.
La no-existencia de herramientas nos impide a muchos independizarnos totalmente de Windows, el vínculo se mantiene. Así como el sistema es multitarea, el usuario también lo es: no arrancamos el ordenador sólo para usar el procesador de textos o un programa determinado. Hacemos varias cosas.
El problema de estar en Linux es que en un momento dado necesitas una herramienta que está sólo en Windows, y por la pereza y pérdida de tiempo de tener que estar reiniciando, al final prefieres trabajar directamente desde Windows, tanto para lo que sólo está para Windows como para lo que está también para Linux.
Windows 7 le ha hecho la puñeta al despunte que tuvo Linux estos dos últimos años gracias a la cagada de Windows Vista. Para ese 90% de usuarios que según se dice sólo usan el ordenador para navegar, chatear, escribir emails y reproducir archivos multimedia... se escapó la razón de peso para el paso a Linux (huir de un Windows que era una patata).
Este sector de usuarios es precisamente el que más fácil lo tiene; no echarán de menos nada de Windows que no exista en Linux, salvo la costumbre a un entorno determinado... y los virus, troyanos y spywares que pueblan sus discos duros.
El perfil de usuario que no puede permitirse abandonar Windows es el que usa programas técnicos, el jugón, y el programador de software técnico, comercial o destinado al mayor número de gente.
Otra pega son los drivers, aunque cada vez Linux dispone de más. Por ejemplo, en el anterior ordenador Ubuntu aún no disponía de los drivers correctos para mi modelo de Toshiba y no funcionaban las teclas de control, con lo que no podía bajarle el brillo a la pantalla, entre otras cosas. En el actual sí que funcionan.
Luego, tengo una impresora poco convencional, y los drivers para este modelo no venían ni en Ubuntu ni en la página del fabricante (sólo para Windows y OS X de Mac), aunque al final me han funcionado los de otro modelo de la misma marca para Linux, a la tercera, probando combinaciones de las opciones que se presentaban a continuación (y ya veremos si hay efectos secundarios). Esto es una puñeta que, a priori, al usuario medio le hace salir corriendo.
Tenemos pues, la importancia de la cantidad de usuarios de un sistema para que las empresas se vean en la obligación o necesidad que sacar drivers y software para él.
En la instalación actual el único problema de hardware que me queda por resolver es que cuando el portátil entra en suspensión (al cerrar la tapa), ya no vuelve a despertar.
Cornicabras
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Las laderas de los montes están cubiertas por un bosque bajo de encinas y
cornicabras, que en esta época del año salpican de ocres y rojos el
paisaje. En l...






