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miércoles, 2 de enero de 2008

la manta africana

Mi hermano puso la suya en el suelo, de alfombra. La mía en cambio la lavé y la eché encima de la cama, como una capa más de abrigo, como manta.
Y hoy ya la he quitado porque no es normal que estas noches haya dormido tan mal.
Hoy me sentía como si me hubieran pegado una paliza de toda una noche moviéndome y despertándome, con ligeras náuseas, con una incomodidad inacomodable y con una sed que no se apagaba con agua, a parte de que del agua más que el frescor mis papilas captaban el sabor del cloro y era más incómodo aún. Se me antojaba zumo de naranja frío, y vaya, no tenía.

Quité la manta de safari, de tonos ocres y negros y motivos africanos, y todo mejoró. Descansé algo.

Estoy pensando que pudiera ser o por el tipo de planta con el que está tejida, o por las sustancias que se han usado para teñir los hilos. Podría haber alguna toxicidad, o simplemente como la sombra de la higuera o del nogal, que dicen que no son muy recomendables para echar una siesta debajo.

sábado, 3 de noviembre de 2007

carcaveando

Hoy estuve por una zona plagada de cárcavas. Las cárcavas son depresiones del terreno producidas por el desgaste y arrastre de las tierras por los cursos de agua. Y la zona Este de Madrid es muy prolífica en carcavas.

El caso es que inconsciente de mí, me dió por adentrarme por una que parecía pequeña, intentando llegar a la parte superior. La erosión del agua y el arrastre de las tierras hacen que los primeros tramos de la cárcava sean muy fáciles: se entra por un cauce seco principal, bien marcado y horizontal, entre paredes verticales residuales que han quedado entre los caminos escogidos por el agua.
El cauce se va ramificando y aumentando la pendiente progresivamente, hasta que se vuelve vertical en el borde superior de cada uno de los "bronquiolos" de la cárcava. Me faltaban unos metros para llegar a la cima, pero ya no podía seguir trepando, y la destrepada... cuando miré hacia abajo...uy uy.
Si esto me pasa en una pared de granito me entra el tembleque, porque si te caes como poco te escoñas y como mucho te despeñas. Pero aquí la caída no es mortal, ya que si llegara la circunstancia, dada la propia forma de la cárcava, ésta te reconduciría como un tobogán convergiendo hasta la arteria principal perdiendo verticalidad y velocidad hasta que te frenases completamente. Eso sí: lleno de moratones. Vamos, que hacia abajo siempre se horizontaliza el terreno. Aquí lo peligroso sería caer hacia arriba :D.
Pensé la estupidez que había hecho - trepar es más fácil que destrepar - pero bajé bien al final. En todo caso, como es arcilla seca, con un poco de paciencia puedes dar taconazos hasta esculpir una huella donde te falte.

Tras una larga caminata llegué a las cárcavas de Patones, que son de las más bonitas de la zona. El camino las bordeaba completamente, pasando a veces por el mismo filo de la caída. Desde aquí sí que te harías mucha pupa, porque los primeros metros caes en vertical.

Y como todavía tenía horas de luz porque empecé al amanecer, agarré el coche y me fuí a "La C-u-e-v-a", sí, la única grande que conozco que me pilla cerca... no puedo ir a otra. Entré con la intención de una inspección rápida, para revisar una zona de la primera planta que me daba que podía tener más posibilidades. Pero además, me llevé una grata sorpresa: las dos veces anteriores que entré sólo ví un murciélago: UNO. Pero hoy, en el centro del techo de la Sala Grande había muchísimos murciélagos, todos junticos. Y entonces recordé que cuando se acerca el invierno es cuando empiezan con los folleteos. Y claro, se habían congregado todos los de la comarca, no faltaba ni uno a la cita. Fuí a la zona que quería pegado a las paredes evitando hacer ruido o apuntar el frontal hacia el centro de la sala... más que nada porque me imaginé a todos despegando a la vez y revoloteando histéricamente sobre mí.

Pero no pude evitar espantar a uno, sin querer, uno que no estaba en el centro con la movida, sino él solito en un rincón.

El caso es que en la zona que fuí a ver encontré una vía para avanzar un poco más hacia abajo de forma segura... hasta que me topé con un tramo en el que había que pasar sobre una sima y de ahí no pasé. Mientras estaba ahí se empezaron a escuchar grititos de los de arriba, de modo que entre una cosa y otra decidí salir escopetao. Curiosamente, al pasar al lado de ellos para alcanzar la salida se callaron todos de golpe... estarían hablando mal de mí sin duda.

Cada nueva visita me parece todo más pequeño... menos la entrada que me parece enoooorme y comodíiisima, será por la mierda-agujeros en los que me he metido últimamente.

...

Y... soñé que era niño otra vez y asistía a una boda o algo así. En esos momentos, consciente de mi niñez, me alegré por la posibilidad que eso me otorgaba de evadirme completamente de las poses, normas y compromisos de los mayores. Alguién me dió una pistola de esas que disparan flechas con una ventosa y la probé contra una pared lisa. Se quedó pegada...

...

Y qué cambio térmico, empecé bien abrigado e incluso con guantes, del frío que hacía por la mañana. Pero en cuanto el sol empezó a calentar, me sobraba la ropa. No corre casi aire.

Las cárcavas de Patones

Desde esta vista se pueden apreciar las ramificaciones y cómo los barrancos
van ganando en pendiente hasta alcanzar el borde superior del terreno.

Campo de cereal en las mesetas sobre las cárcavas.

Una composición muy cuca

jueves, 5 de julio de 2007

mudanza con regalos

Pues resulta que hoy soñé con el resultado de una mudanza, y no es por otra cosa que porque hace poco ví todos los bártulos de una, o más bien los muebles y las cosas nuevas bien empaquetadas.

En el sueño, volvía a mi casa después de una boda (boda que será este fin de semana, y no es la mía) con algunos familiares y conocidos revoloteando por ahí, y me encuentro con que los muy capullos de la mudanza en lugar de sacar lo que no valía a la calle y dejarlo en un contenedor, me han amontonado delante de mi puerta una pila de cosas. Una tía desde lejos me advierte que si abro la puerta se cae todo, y efectivamente, estaba amontonado apoyado contra la puerta, de modo que al abrirse se viene abajo el dominó. Abro, sujetando las cosas... y decubro que también han tirado ropa... pero han tenido la delicadeza de lavarla, plancharla y dejarla tendida. Está como nuevo y sobre todo hay pantalones. Así que empiezo a coger todo lo que puedo como loco, para meterme al probador (mi casa).

El problema es que como es un sueño, entrar en mi casa es misión imposible: hay gente por todos lados, las cosas están cambiadas, adentro hay más trastos de la mudanza apilados, ¿el baño estaba a la derecha? ¿había una salida de emergencia directa al exterior? ¿estos vivían en la puerta de al lado?... Total, que al final ni me pude probar la ropa.

Éste es el sonido que buscaba para cierta cosa:
New Order, Elegía

jueves, 31 de mayo de 2007

túnel-trampa

Ésta es la última parte del sueño de hoy.
Resulta que yo era una especie de poli o investigador, que llevaba días intentando localizar a una persona, un testigo que se suponía que estaba ingresado en un hospital desde hacía años.

Pero no había forma de reunirse con él. Por fín, un conductor de autobús que sabía algo, acude fugazmente para revelarme que no le podía encontrar porque no se encontraba en la sexta planta... sino en el nivel -2, al que se accedía por otro portal más pequeño del edificio.

Me dirijo hacia allí acompañado de otro sujeto, funcionario del hospital, del que en un principio sospeché que tenía algo que ver con las trabas en mi investigación pero que resultó estar de mi parte.

Una vieja bruja nos acompañaba, bruja porque aquel lugar tenía grabados kabalísticos por doquier, y parecía un túnel excavado más que un sótano, a medida que bajábamos. Había extraños símbolos en las huellas de los escalones. Tras el primer tramo de escaleras, llegamos a un pequeño distribuidor del que partía otro tramo de escaleras.
La vieja abrió la puerta y se echó a un lado esperando para que bajáramos primero. Mi acompañante empezó a descender tranquilamente, pero yo tuve un mal presentimiento, sentí un impulso de empujarla y decirla "tú delante"... Lo intenté pero la vieja se hizo un buruño agachando la cabeza y anclándose en el sitio, y decidí ser más amable y no tan desconfiado. Empecé a bajar por las estrechas escaleras y...

A la vuelta del primer rellano resulta que aquello no tenía continuación. Las escaleras conducían a un fondo de saco. La puerta de arriba se había cerrado y la bruja nos había dejado encerrados en la galería subterránea.

Pero no había problema, porque como era un sueño, bien podía teletransportar un clon mío al otro lado de la trampa... o haber dejado un explosivo con temporizador en la entrada antes de empezar a bajar por si acaso... Pero sonó el despertador y no tuve tiempo de poner en práctica nada de eso.

Mientras me duchaba le estuve dando vueltas a la trampa. ¿Y qué pasaría si en un momento dado el muro del fondo de saco se abriera? ¿sería conveniente aprovechar para seguir descendiendo? Pensé que no: quizá alguien desde arriba, ante nuestra desaparición, hubiera requerido a la bruja abrir esa puerta para mirar, entonces ella habría desbloqueado la continuación de las escaleras para que nos introdujéramos por ella... encerrándonos de nuevo en otro lugar una vez traspasado el umbral, dejando así libre el primer tramo para que los de fuera comprobaran que allí no había nada ni nadie. Sería la perdición definitiva.

martes, 24 de abril de 2007

la última parte del sueño de hoy

Estaba en una mesa de 8 yo solo, en un restaurante sudasiático (pero de especto normal y corriente). Mi mesa estaba justo a la entrada y dispuesta transversalmente a ésta; y yo mirando hacia el cristal. Había cortinillas echadas por fuera (estaba cerrado) y levanté la vista cuando alguien desde fuera se aproximó y las agitó. Había gente fuera... como esperando.

Desde dentro el cristal me servía de espejo. Detrás de mí había otra chica en una mesa de 8... ¡menos mal! menudo apuro ser el último cliente. De los camareros ni rastro, habían desaparecido... se habrían ido a dormir, ni sabía la hora que sería, pero era de noche. Yo me entretenía con papeles y rotuladores, y me preguntaba qué hacía la chica de atrás inmóvil y concentrada, como leyendo algo. Pensé que podría aprovechar el tiempo para copiar la carta (por las recetas).
Entonces apareció un camarero y la retiró, pensé que vendría a echarnos ya, pero no... ¡los postres!
Empezaron a llegar más camareros y más clientes. Afuera se hacía de día. Abrieron una entrada lateral que daba a un bar repleto de gente alternando.
Una guiri le dijo al camarero primero que hablaba muy bien español, y yo pensé "sí, modula muy bien y tiene buena voz... pero es que es español".
Dije que no quería postre, me quería ir, y lo tuve que repetir tres veces ante la insistencia y sorpresa del camarero. Pedí la cuenta.
Me giré y ví a la chica de atrás... ahora con otro ángulo... era más bien una señora, eso de ver sólo el pelo enagaña.

Llegó la cuenta... 120.000 Euros y pico (120 euros al cambio del sueño). Protesté, dije que era demasiado para una comida de una persona. Uno de los camareros alegó que me habían puesto carne de la buena buena. Seguí protestando y negándome a pagar, le dije que me trajera una cuenta detallada, y no sólo el total. El que había traído la cuenta se la llevó para revisarla.

Los dos camareros que estaban a mi izquierda empezaron a hablar sobre la vida de uno de ellos... pobre... se reía de su desgracia. Yo hacía como que no me enteraba de nada para que ellos siguieran hablando, y yo con el radar puesto...
Había un chaval bastante sentado en un lateral de la escalera de tres escalones que dividía el restaurante en dos zonas, la más interior estaba más elevada. Empezó a hablar y pensé que se dirigía a mí, de modo que me levanté de la mesa y me acerqué a él.
Llegó el camarero con la cuenta, le hice un gesto de que parara al chaval y volví a sentarme en mi mesa. La cuenta tenía ahora un cero menos y un 2 tachado convertido en otro cero, ahora 10.000 y pico... 10 euros y pico (traducciòn según el cambio del mundo del sueño). Ahora sí.

Me volví a levantar y el chaval de la escalera retomó el rollo que me quería contar; me puse a su derecha y noté que ese lado de la cara lo tenía algo deforme, y como me empezaba a dar grima mirarle, y viendo que el otro lado lo tenía algo mejor, me puse a su izquierda. Pero según iba hablando, su rostro se iba deformando: se inflaba, le salía papada, su boca se hacía grande de labios gruesos, no sé ni cómo lograba hablar. Su lengua estaba descarnada y consistía en una especie de esqueleto como las "espinas" de la raya. Las cuencas de sus ojos estaban vaciadas y agrandadas, se veía la carne interior de forma impúdica.

Cada vez sentía más repulsión al tener que mirarle. Entonces se levantó, me sacaba una cabeza. Me dijo con orgullo algo como "Yo soy así porque quiero" o "Yo soy así porque yo me he hecho así".
Con el rabillo del ojo ví lo que salía del baño y no quise ni mirar. Eran sus amigos, todos se habían arrancado trozos de cara y lucían estructuras óseas vistas, pero no las naturales de un cráneo, sino con protuberancias extrañas como si fueran dinosaurios o renos. Noté unos golpecitos en la nuca, y sin mirar ya sabía que era uno de ellos intentando llamar mi atención tocándome con las protuberancias. Salí del restaurante, era de día, la calle estaba llena de alterados como ellos envolviéndome, que me miraban como si yo fuera un atrasado... tú no te atreves. Parecía ser una nueva moda.

Al fín me despegué y dejé atrás a toda esa gente. Iba muy feliz, sintiéndome ligero, caminando por una calle adoquinada irradiando resplandores a la luz del amanecer. Me sentía feliz por ser distinto, por ser inmune a modas dañinas.

En ese momento sonó el despertador, que hizo lo suyo, y me desperté. Pero a continuación escuché un chop chop chop a mi izquierda, un sonido cercano y gutural. No quise mirar en esa dirección por unos segundos.

lunes, 9 de octubre de 2006

diario onírico: pesadilla

Siesta del 13 agosto 1997
Tuve dos pesadillas concatenadas:
En la primera sentía que no podía moverme, como si mi consciente hubiese despertado dentro de un cuerpo que seguía durmiendo y controlado por un subconsciente muy perro. Llegó mi padre y yo gritaba que me despertase, pero se decía para sí que no entendía lo que decía.
Al "despertar" (aún dentro del sueño), se me rompió el hueso del brazo izquierdo. Yo intentaba colocármelo bien, sin éxito, y sentía como me lo metía mal, entre los músculos. Estaba llorando y le decía a mi madre que me llevara al hospital, y ella tan tranquila, busqué un teléfono para llamar a mi padre.

La segunda pesadilla dolorosa eran las presiones que me hacía la manta sobre el pecho en un sueño en el que mismamente se suponía que estaba despierto, tumbado en mi cama. El borde de la manta se comprimía sobre mi pecho como un diafragma y me hacía sufrir.
Me monté en un asiento que también me oprimía el pecho. Era todo muy extraño, había una especie de piscina a la que me tiraba automáticamente al llegar a una zona, y luego, como un metal atraido por un imán, me quedaba pegado al fondo. Casi no podía ni despegar la cabeza.
Salían burbujas de vez en cuando, y respiraba medio bien dentro del agua. Tenía que dar órdenes con la voz para moverme, y cuando por fin logré salir, se me empezaron a hinchar los tobillos, y las muñecas...

Este tipo de pesadillas las he tenido con relativa frecuencia, sobre todo en las siestas (aunque va por épocas, porque afortunadamente ya casi las tengo olvidadas): sueño que estoy despierto y no me puedo mover, que mi huesos crujen y se dislocan; que mis tendones se retuercen; que mis costillas me oprimen el pecho y me cuesta respirar; que mi cabeza es aplastada, y mi dientes son arrancados. Todo mi cuerpo se colapsa y no tengo fuerza física para impedirlo. Y sobre todo, tengo miedo de que los daños físicos sufridos durante el sueño hayan ocurrido de verdad al despertar. Pido ayuda pero nadie puede oirme, o no me hacen caso, me ven dormido, no ven que por dentro estoy despierto y sufriendo. Como un enterrado vivo golpeando el ataúd para que le liberen... sin respuesta.

domingo, 8 de octubre de 2006

diario onírico

Domingo 11 de Septiembre de 1994:
Llegué a una vivienda unifamiliar con un jardincillo a la entrada sin vallar; un camino de pizarra conducía a la puerta de entrada; al otro lado estaba el río Manzanares; la casa era de J.M. Me puse a excavar en el camino y encontré unas monedas españolas que no tenía en mi colección, excavé luego en otra parte del camino y encontré muchas más. Cogí las que no tenía y las de 500, pero dejé las de 100. Encontré una de 10 del 33. Luego intenté excavar por otros sitios pero había piedras.
Volví a taparlo todo, me alejé hasta la barandilla del río (que estaba canalizado), junto a un paseo de arbolillos finos y bancos, y pensé que le devolvería las monedas de 500 ptas al río.
Estaba haciendo windsurf en un lago; aunque era de día se veían las estrellas en forma de pequeñas espirales luminosas (como galaxias), que oscilaban y se empezaban a convertir en remolinos; entonces sentía que venía una tormenta. Puse rumbo a tierra, y allí estaba mi padre.
Fuimos a un partido de fútbol; el estadio estaba lleno de indígenas amazónicos. Me llamó la atención uno que llevaba de la mano una niña también indígena, andando por una banda del campo de juego. Hicieron ademán de entrar en una portería cuando un equipo iba a meter gol en ella, pero no lo metieron; y siguieron caminando por la banda hasta pararse a ver el partido en un lateral. Antes les habían echado. Yo, también dentro del campo, me desplacé hasta detrás de la portería contraria.
Ví a mi padre a través de una rendija en una pared, jugando a las máquinas tragaperras; junto a mí había una. Mi padre me dijo que jugase, yo le grité : "¡Papá, en las tragaperras siempre pierdes!". Él empezó a lanzar monedas desde las rejas de la rendija, y una acertó a colarse por la ranura de la máquina: ganó y salieron más monedas. Las cogí y cuando me reuní con él le dije que estaba bien, porque había conseguido monedas españolas que no tenía en mi colección.
Iba a la parada del Circular, estaba mi madre con mi prima V. Subimos al autobús (que era como una ruta de colegio); yo me senté en el último asiento antes de la puerta trasera, con V y mi madre delante.
Fuí al hospital a recoger un bebé (que se suponía que era mi hijo), que se fue transformando en un gatito; lo metí en una bolsa. Volví junto con mi hermana y mi padre; al ir a cruzar un puente tuve problemas pues la acera estaba obstruida por obras, y había que pasar arrimado al tráfico, y los autobuses casi te tocaban. Miré a la bolsa, el bebé (el gatito) estaba triste; sonreí y sonrió. En cuanto pude me metí por una calle a la derecha; corrí por un paisaje que empezaba a transformarse, con cuevas entre rocas marroncejas, tierras pardas, arbolillos en la lejanía.
La bolsa con el gatito empezó a darse golpes mientras corría; atravesé a la carrera una cueva repleta de una especie de hombres-mono (ahora parecía que estaba jugando a un juego de ordenador y avanzaba a saltos).
Pasé ese lugar corriendo, pero a la salida había otros seres, más parecidos a Gremlins... que esos sí que te atacaban.
Tras superar un par de cuevas más como ésta, llegué a una ciudad que parecía estar siendo arrasada; la gente corría en camisón. Apreté la tecla de giro y la pantalla se puso a girar (estaba jugando a un juego de ordenador); entré por un portalón y seguía dando vueltas.
Observé un paisaje con una montaña nevada. Volví varias pantallas atrás y en una de las cuevas (que ahora estaba limpia de enemigos) encontré a M, que también estaba jugando como yo; me dijo: "He encotrado el duro", a lo que le respondí: "Yo no lo tengo, pero tengo una llave que puede servir aquí" En el suelo había un candado unido a la pared con cadenas; pero no probé la llave, sino que salí fuera de la cueva por el otro extremo y observé que había una nueva entrada: un laberinto azulado, de ladrillo. No entré pues M. me había dicho que; "Jo con los monstruos, te los matabas y volvían a salir".
Seleccioné la espada y me metí por la cueva de M.; empezó a salir agua (por lo visto antes no salía pues había seleccionado el "agua"). Me asomé por una puerta y ví un montón de esqueletos vivientes. La cerré enseguida.

Viernes 16 de Septiembre de 1994:
Iba por los soportales de la Plaza Mayor, cuando me salió un navajero por detrás. Empecé a correr, había escaleras. Mi padre pasó corriendo en dirección contraria, cruzándose con nosotros. El navajero se detuvo un momento, como disimulando, dijo "Buenos días señor", y luego siguió persiguiéndome. Entonces en lugar de huir me dí la vuelta y corrí a la contra, al encuentro del navajero; le sobrepasé y no me hizo nada, al contrario: empezó a huir. Le perseguí.
Entramos en una tienda, el navajero era ahora un pequeño y veloz trasgo que se deslizaba por la barandilla de la escalera o por el borde de las estanterías. Se escondió; descubrí su escondite, pero huyó de nuevo veloz como el rayo.
Estaba con dos más jugando a coger ramitas. Para ello las lanzábamos y las cogíamos. Éramos una especie de pollitos, o los controlábamos con la mente. El paisaje era una gran cuesta con altos pinos, como en la montaña.

Sábado 17 de Septiembre de 1994:
Estaba en la sierra, iba con mi primo M, había algo por la carretera (donde suelo patinar)... Era de noche, llevaba un ordenador. Me mandó mi padre a comprar nosequé; me monté en el coche de mi madre, pero enseguida vino ella para conducir.
Entramos (toda la familia) en una frutería; le dije a la frutera que quería las manzanas amarillas; ella partió dos verdes y nos las dió para probar. Yo le dije que AMARILLAS; me dijo que no tenía; le señalé unas que había allí, y me dijo que estaban mal pues no habían sido fumigadas.
Mi madre compró frutas; le dije que comprara también uvas, piña y cereales. Respecto a esto último, me dijo que la había puesto en ridículo al elegirlos.
Me senté junto a mi padre en unas sillas. Tras un mostrador había un hombre que estaba negociando algo con él; nos sirvió agua, licor, y "leche cortada" (que era una especie de gazpacho). Luego una mujer con una jarra me sirvió más "leche cortada", pero ésta estaba peor triturada y se veían trozos de pimiento (también tenía piña). Por alguna razón nos trasladamos a otra mesa rendonda, como de un bar. Me había dejado mi "leche cortada" en la barra; cuando fuí a recogerla estaba mi hermano examinándola, y le pegué un grito para que se apartara.
Estaba en el salón de mi casa, había muchos conmigo J, F,... Íbamos a jugar al baloncesto en el salón, pero yo dije: "No, no se puede jugar al baloncesto en el salón".
Estaba en una zona turística hindú; había colchones en los que la gente se tumbaba a tomar el sol o a hacer ejercicios; también había elefantes. Me tumbé sobre un colchón, y luego fuí a la piscina (con gafas de bucear). El agua era marrón, me hice un largo ida y vuelta a espalda; luego estuve con un enano que me empujaba al agua (yo me dejaba fingiendo que me podía, aunque sabía que él no se lo creía). Buceé, ví a la gente bañándose vestida (la mayoría). El fondo de la piscina estaba lleno de claroscuros, donde se veían peces, arañas, cangrejos, culebras...

sábado, 19 de agosto de 2006

mundo onírico

Un fragmento de lo que he soñado esta noche; conversación telefónica con una ex. En el sueño se fraguaba un resurgimiento precavido.

-¿Y qué ocurre cuando dos personas piensan lo mismo? [Esta frase no logro reconstruirla fielmente al sueño; era algo muy trivial que sólo redirigía el significado por el mismo hecho de haberse producido la conversación telefónica tras una reciente tensión emocional en persona]
-Puede pasar todo o nada. Si no se hace nada no pasa nada.
-...
-Oye, mira si me dejé algo en tu casa el otro día... [Declaración de intenciones indirecta, para reconducir el asunto a un callejón del cual sólo pueda salir victorioso o muerto, y no prolongar los titubeos]

Interpretación de respuestas:
  1. -No te dejaste nada = Adios.
  2. -Sí, te dejaste X (siendo X algo real que efectivamente me dejé) = Ambigüedad.
  3. -Sí, te dejaste Y (siendo Y un objeto descaradamente inventado, que no existe ni me pude dejar) = Respuesta óptima esperada: ocurrirá todo.

-¿Cuándo puedo pasarme a recogerlo?

Interpretación de respuestas:
  1. -Ya lo recogerás la próxima vez que pases por aquí = Respuesta pésima, paso atrás.
  2. -El próximo fin de semana, si puedes = Relativamente buena, por el contexto de la vida de esa persona.
  3. -Mañana, esta tarde, ahora / Esta tarde estoy ahí / Esta tarde en un punto medio = Respuestas óptimas.

Sobre las 10 sonó el teléfono y no lo cogí porque supuse que era alguien que podía esperar, y además no me apetecía levantarme. Luego pensé que podría ser... pero no quise mirar la llamada perdida. Acabo de mirar y no era. Lo que ocurre en los sueños se queda en los sueños.

martes, 14 de marzo de 2006

200% de manos


Apareció un gigantón de circo, con una mano enorme, y la estampó en un muro colorado dejando grabada su huella de color amarillento pastel. Me dijo que yo también pusiera mi pequeña mano sobre la suya en el muro, para que se grabaran las dos huellas juntas, una dentro de otra. Sería como una especie de pacto, de unión. "Das el 200% y recibes el 200%" dijo la voz de alguien que pasaba por allí. Y me quedé dudoso (en especial, barajando cómo se lo tomaría el gigante si me negaba a poner mi mano)...

Luego me desperté con este fragmento de sueño en la cabeza y me pregunté: ¿cómo que el 200%?.... Si tengo el 100% y doy, pongamos, el 100% que es lo máximo que puedo dar, y recibo en gratitud el 100% de otra persona, me quedo con un 100%. Lo perdido por lo ganado; no puedo dar el 200% de partida de una unidad que soy yo, el 100%, y mucho menos esperar recibir el 200%.
Pero claro, si de lo que se trata es de echar una mano, puedo "dar" mi 100% sin perderlo, con lo que lo conservo para el total de lo que reciba; pues en verdad lo que hago es tender una mano -dar una acción, no un objeto; y las acciones no te desgastan materialmente, sólo consumen energía generada con materia externa procesada a través de tí, una energía que se pierde de todas formas la uses en hacer unas cosas u otras, y si estás parado se evapora-, no doy mi mano literalmente, pero duplico a efectos prácticos las manos del aliado, pasando éste a tener el 200% de manos. Y cuando me tiendan a mi vez la mano, también obtendré un 200%: el 100% de mis manos, que nunca he perdido por muchas veces que las hayas tendido, y el 100% de las manos tendidas hacia mí. Lo único que pierdo, o que queda fuera, es la huella, el resultado de la acción.

La frase del sueño estaba mal, lo correcto sería: "Das: haces tener el 200%, y recibes: hacen que tengas el 200%".

Pero no olvidemos que hay a quien le tiendes la mano, y te la coge... ... vamos que se la intenta quedar.

domingo, 5 de marzo de 2006

terror onírico


Nos condujo la anciana hasta la puerta que se abría al salón de la casa - nos iba a mostrar su mascota. Abrió la sencilla puerta y aguardamos: el otro a la derecha; la anciana en frente; y yo a la izquierda, contemplando la mancha de oscuridad de la habitación de la que tenía que salir algo. Mi atención se concentraba en ese umbral recortado por una cortina de misterio, y cuanto más tiempo pasaba, más trabajaba mi imaginación y mi miedo. Empecé a recular hacia atrás, alejándome un poco de la puerta por lo que pudiera salir de allí. Lo que inicialmente era una mascota, ahora era una criatura. Detrás de mí había un sillón, pero desapareció de mi camino cuando seguí reculando poniendo más distancia de seguridad entre esa puerta y yo. La criatura que tenía que salir ahora era un monstruo.
Retrocedí hasta el final, hasta tocar con mi espalda la pared en la que había unas ventanas cubiertas con cortinas y dos interruptores, azulado y anaranjado: como la luz de la sala me parecía insuficiente para lidiar con lo que podía venir, pulsé primero uno y luego otro, pero lo único que conseguía era apagar lámparas, nunca encender más.
Y de pronto todo se apagó, pensé que habría pulsado sin querer ambos interruptores con el codo, de modo que volví a pulsar, inútilmente porque parecía haberse ido la luz. La sala quedó tragada por una penumbra azulada en la que se distinguían siluetas negras: podía ubicar la puerta, a la anciana y al otro que venía conmigo; no se habían movido de su posición.
La falta de visibilidad disparó mi terror, e hice un razonamiento cinematográfico: el monstruo sale cuando se va la luz, cuando los protagonistas no le pueden ver, luego va a salir ahora. La forma del monstruo cambió entonces en mis miedos: si bien con visibilidad un monstruo terrible sería uno enorme y ruidoso; en la oscuridad, el monstruo más terrible era uno pequeño y sigiloso. Le grité a la vieja, con desesperación, que cerrase la puerta, que iba a salir... y ella la cerró, pero reaccionó muy lentamente, demasiado lentamente, tanto que le dio tiempo a mi terror imaginativo a recrear una forma, como de un mono, que salía por la puerta y se situaba en medio de la sala. Lo mismo se marchaba, que lo mismo se acercaba a mí, y yo me sentía paralizado porque no me veía con posibilidades ante una criatura capaz de ver en la oscuridad.

Y finalmente quedó el terror de la incertidumbre: la puerta se ha cerrado, pero no sé si la criatura ha quedado dentro o ha salido fuera; puede haber salido sin que ninguno de los presentes haya podido percibirla.
A partir de ese momento ya no podré vivir tranquilo y seguro. Aunque si estuviera fuera, las posibilidades de acabar con el miedo serían mayores pues en algún momento podría localizarla y confirmar mis sospechas, ubicarla y verle la cara; quizá no fuera tan temible. En cambio, si estuviera dentro, jamás podría localizarla, ni verle la cara, ni saber si es una amenaza para mí, y lo que es más importante: ni saber si está dentro o fuera, y la incertidumbre se prolongaría hasta la eternidad.