En la misma aldea que la vió nacer
la avistó el soldado por primera vez
estaba a la sombra de una vieja higuera,
pelo alborotado y mirada serena.
Detuvo la marcha y se estremeció,
tanto palpitaba su corazón
de alguna manera que no recuerda,
¡tan enamorado y sin conocerla!
Le pidió su nombre a aquella mujer,
quiso recordarla al volver al cuartel.
Mas ella callaba con boca cerrada
y el soldado decidió no molestarla.
Siguió su camino hasta Santander
vuelto del recado de su coronel,
que solía mandarle a varias millas
con regalos y cartas para una querida.
...
Pasaban los días y no la olvidaba,
la aldea, la higuera y aquella mirada.
Espera ansioso el próximo recado
por poder volver a pasar a su lado.
...
Volviendo de otra la fue a buscar
y ella le esperaba en el mismo lugar
como si el destino se la guardara,
decidido entonces así le cantara:
Amor, te ví y me enamoré
desde el primer día
y aún tras días después...
Un paisano aconfeso observó la escena,
se rascó la boina, ladeó la ceja,
meditó unos instantes y fue a encontrarlos,
sin más dilaciones le increpó al soldado:
Mire, no es asunto de mi incumbencia
pero esto se escapa a toda mi ciencia.
Le diré, no quiero darle la lata,
mas qué hace usted hablándole a una estatua.
...
la avistó el soldado por primera vez
estaba a la sombra de una vieja higuera,
pelo alborotado y mirada serena.
Detuvo la marcha y se estremeció,
tanto palpitaba su corazón
de alguna manera que no recuerda,
¡tan enamorado y sin conocerla!
Le pidió su nombre a aquella mujer,
quiso recordarla al volver al cuartel.
Mas ella callaba con boca cerrada
y el soldado decidió no molestarla.
Siguió su camino hasta Santander
vuelto del recado de su coronel,
que solía mandarle a varias millas
con regalos y cartas para una querida.
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Pasaban los días y no la olvidaba,
la aldea, la higuera y aquella mirada.
Espera ansioso el próximo recado
por poder volver a pasar a su lado.
...
Volviendo de otra la fue a buscar
y ella le esperaba en el mismo lugar
como si el destino se la guardara,
decidido entonces así le cantara:
Amor, te ví y me enamoré
desde el primer día
y aún tras días después...
Un paisano aconfeso observó la escena,
se rascó la boina, ladeó la ceja,
meditó unos instantes y fue a encontrarlos,
sin más dilaciones le increpó al soldado:
Mire, no es asunto de mi incumbencia
pero esto se escapa a toda mi ciencia.
Le diré, no quiero darle la lata,
mas qué hace usted hablándole a una estatua.
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