miércoles, 30 de abril de 2008

vuelta a empezar

Tras varias horas de lenta escalada, logró llegar el gusano a lo alto del árbol, donde estaban las hojas verdes. Entonces, un humano con mucho "sentido del humor", trepó hasta ahí, cogió al gusano y le puso otra vez en el suelo. Todo esto en 20 segundos.

Así me sentí el otro día cuando de pronto me cascó un programa con el que llevaba horas trabajando. Este programa cuando casca genera un archivo de recuperación... pero en este caso el archivo generado tenía tamaño 0 Kb (cero pelotero). Abrí el archivo original de nuevo y estaba como cuando empecé -claro, no le había dado a grabar.

Cerré desesperado, y entonces caí en que me quedaba otro recurso más: el archivo backup que se graba automáticamente cada 15 minutos... pero ¡horror! como acababa de abrir y cerrar el archivo original, el backup, si alguna vez contuvo el trabajo de 15 minutos antes del fallo, ahora contedría -y contenía de hecho- el archivo original semivacío.

Me entraron ganas de destruir algo, pero finalmente opté por la actitud sufrida del gusano, volver a trepar.

domingo, 27 de abril de 2008

Bach secuenciado


Las áreas corresponden en proyección horizontal con las teclas de un piano girado en vertical situado en el margen derecho. Es uno de los sistemas típicos de los secuenciadores MIDI, llamado "Piano Roll", en el fondo es como un karaoke pero en lugar de con las letras con la posición de las notas y su duración. El otro sistema es el pentagrama donde insertar las notas, pero para éste último hay que saber solfeo.
Aunque mi preferido es el sistema "tracker" multipistas, donde estás viendo simultáneamente todos los instrumentos, notas y efectos de la parte de la canción en la que estás.

Piano Roll en el programa "Cakewalk"

Edición por pistas "tracks" en el programa "Fasttracker II"

Esto son varias fotos de la miniventana de cristal líquido de un teclado-secuenciador, con tres modos de inserción de notas: track a track, "punch" y grabación en tiempo real, a parte del modo de edición para corregir o insertar códigos MIDI. Hay poco espacio y es incómodo hasta que te acostumbras, pero se puede hacer de todo.

jueves, 24 de abril de 2008

maniobras militares

Me he tomado la mañana libre para hacer mis primeras prácticas de escalada.
Cuando llegamos a la zona, en Patones, había varios vehículos del ejército, y conforme avanzábamos por el cañón empezamos a notar la presencia de los soldados de maniobras, camuflados en los riscos, haciendo rapel, y simulacros de combate... sólo que en lugar de disparar las ametralladoras gritaban "¡¡¡ratatatatá pum pum!!!"
La pared en la que me iban a enseñar estaba ocupada por ellos, de modo que nos fuímos unos metros más allá.
La escalada en sí no me interesa, al menos no más que otros deportes de montaña, pero necesitaba aprender a usar el material porque es imprescindible para la espeleología, que sí que me interesa.

miércoles, 23 de abril de 2008

aparcamientos


Os habrá pasado de ir a recoger el coche y encontrar otro en doble fila taponando. Si no hay notita, con un poco de suerte el dueño estará en un bar próximo... en concreto en el que está justo a la altura del vehículo.

La ruta de la [R]-[Z]

Cercedilla -> Navacerrada -> Becerril -> Moralzarzal -> Cerceda -> Manzanares.

martes, 22 de abril de 2008

Kilos

Ahí se encontraba Andoni, levantador de piedras... hace años. Ahora era un nonagenario arrugado y lampiño, apoyando sobre un bastón su enorme cuerpo doblado por la columna.

Las nuevas generaciones entrenaban en la larra, muchachos grandotes y colorados que sudaban la gota gorda de tanto levantar cosas en contra de la gravedad.

Ya débil físicamente con la edad, había sustituído el levantar piedras por el levantar cabreos con su lengua viperina y su malhablada crítica. Unos se lo tomaban con humor, otros no tanto cuando el viejo no tenía nada más que hacer en todo el día que plantarse a mirar y a soltar improperios a aquel con quien la tomase.

-¡Venga gordinflón, desgraciado, que te parió una ameba, hasta yo levantaba eso con una mano si no fuera porque la necesito para sujetar mi bastón!

- Será porque la otra la ocupa en agarrar la botella de vino, viejo decrépito.

- Me cago en la hostia, aborto de ameba, no me provoques que todavía puedo llevar 90 kilos... desde ese montón de leña hasta el río.

-¡En un año si no muere por el camino!

-En cinco minutos.

El joven observó la distancia -unos 200 metros- y, dejándose llevar por la ira, le retó.

-Déjalo, no tiene sentido - intentaban convencerle sus compañeros-, no tiene sentido retar a un viejo, no vas a ganar nada. Se va a reir más de tí.
-Ese viejo aunque mal hablado, no está loco, tiene la cabeza bien fría, si te reta es porque de alguna forma sabe cómo ganarte la apuesta, no aceptes Aritx.

Pero éste no hizo ni caso a los consejos, quería humillar al viejo y tener un motivo para que su autoestima se viniera abajo y dejara de incordiar. Le impuso ciertas condiciones, por si el viejo intentaba hacer alguna triquiñuela, debía de llevar él mismo el peso, en 5 minutos como dijo, sin ruedas ni utensilios.

El viejo se levantó y tiró su bastón al suelo. Acercándose al montón de leña seleccionó varios trozos haciéndolos oscilar en el aire, hasta que eligió uno, no muy grande, con el que se quedó. Con él bajo el brazo empezó a caminar cojeando hacia el río, seguido por los jóvenes, que se partían de risa.

-¡Bravooo! Pero ese tronco no pesa ni dos kilos.

-Más que suficiente, yo peso 89... más el tronco... he movido 90 kilos, aborto de ameba.

Desde luego que no fue aceptada la trampa, pero se quedó tan pancho el viejo como si hubiera ganado.
Estos tramposos se creen más listos que los demás, y de su juego sucio sacan su trofeo imaginario. Se creen que ganar una carrera de una vuelta al estadio tomando un atajo es inteligencia si son ellos los que hacen la trampa, inaceptable si la trampa la hace otro, porque la trampa está al alcance de cualquiera.

Lírica

Salió a vagar por la ciudad y entró, mediada la tarde, en el Ateneo. Un joven daba lectura a varias poesías desde la tribuna, ante un público serio y triste, que a veces gruñía aprobatoriamente. Arnal escuchó, revolviéndose con impaciencia en su butaca. El poeta contaba cómo había padecido un amor desgraciado. Según sus versos, conociera a la ingrata en La Bombilla. Él no había tardado mucho en decirla "Te amo", y ella había bajado los ojos con languidez.

Algún tiempo después la muchacha no podía ocultar sus gustos suntuosos, su amor a las joyas, a los autos y a los vestidos de Paquín. Era inútil que el poeta le ofreciese la miel de su lirismo. Una noche la esperó en vano...

El joven leía, con las cejas en lo sumo de la frente y un vago ademán melancólico:

La infiel, Señor, me ha abandonado.
Soy como un muerto que ha quedado
con el puñal de la traición clavado
en la mitad del corazón.

-¡Alto!- gritó Teófilo, poniéndose en pié incapaz de contenerse -. ¡Alto! ¡Esto no puede ser!
Todas las miradas convergieron en él. Y él tiró con fuerza de las solapas de su chaqueta.

-¿Qué ocurre?- balbuceó el escritor.

-Ocurre que en nada de esto hay sentido común. Si usted estuviese muy triste por la fuga de su novia, usted no haría estos versos, porque la obsesión y la angustia del abandono no le permitirían buscar los consonantes. Es incompatible pensar en que su amada refocila con otro caballero y reunir a la vez con meticuloso tino palabras que terminen en "ado", en "ante", en "on", etc.
¿Qué haría usted si su dolor fuese sincero? Indudablemente expresarse con naturalidad. Entonces usted vendría aquí y nos diría, poco más o menos, pero en prosa corriente: "Señores: ¡hay que ver cómo son las mujeres! He conocido en La Bombilla una muchacha de estas y estas señas, de quien me he enamorado y que me ha salido un pendón. Anteayer se me escapó de casa, y ahí está liada con Fulano, que le paga un abono de coche".

Algunos de los oyentes de Teófilo gritaron:
-¡Fuera! ¡Fuera!

-No he terminado -prosiguió él-; me falta aún examinar las consecuencias que tendría este acto indiscreto. Apenas hubiese referido usted su poco interesante historia, la mayor parte de los señores que están presentes abandonaría el local, indignada, asegurando que le importaba un comino lo que le hubiera sucedido a usted con tal jovenzuela. No faltaría quien se riese de usted, encontrando muy chusco su desahogo.
Sin embargo, ahora simulan conmoverse o se conmueven de veras, lo que es peor, porque usted nos cuenta eso mismo intercalando con cierta medida palabras que terminan en "ado" o en "on". Esto es sencillamente absurdo.

-¡Fuera! - vociferaron todos.
Y le expulsaron del local.

Autor: W. Fernández Flórez

A cuento de los recursos para convertir lo mundano es exquisito, existe en el cine la cámara lenta y la cámara rápida. La primera convierte en sublimes las escenas, tragediza, intensifica, heroifica. La segunda ridiculiza.
Somos sensibles -permeables- a cómo se nos cuenta una historia para apreciar su valor.


lunes, 21 de abril de 2008

sustituyendo una letra

Laba
Laca
Lada
Lafa ->NO
Laha ->NO
Laja
Laka ->NO
Lala->NO
Lalla ->NO
Lama
Lana
Laña
Lapa
Lapa ->NO
Lara
Larra
Lasa
Lata
Lava
Lawa ->NO
Laxa
Laya
Laza

La pregunta es: ¿existirá en castellano alguna estructura de palabra en la que, variando una de sus consonantes secuencialmente probando todas las demás del abecedario en su lugar, se obtenga otra palabra con sentido?

Aunque lo suyo sería hacer un análisis fonético, no ortográfico, compatibilizando "K" y "Qu" con ca,co,cu; Z con ce,ci; J y G tanto de lo mismo donde corresponda; la V con la B; y omitiendo la H, por sorda, y las semivocales: W e Y, o en caso de pronunciarse consonánticamente asimilándolas a Gu y Ll* respectivamente.

* La Ll tiene multiplicidad de pronunciaciones: L larga, vibrante, cercana a la CH, cercana a la S, cercana a la [sh], como i semivocálica...

Con las vocales sería más fácil:
taca
teca
tica
toca
tuca

o como el en chiste:
Pata
Peta
Pita
Pota
...
Rogelia (¡mal pensaos!)

domingo, 20 de abril de 2008

el pueblo ordinario

Eusebio era un hombre normal y corriente, hablaba 7 idiomas, dominaba varias ciencias técnicas y humanísticas, trabajador con buenos resultados en todo lo que hacía.
Anselmo, en cambio, era un hombre extraordinario, apenas sabía escribir su nombre y era torpe en las demás cosas, que me ahorro citar porque es larga la lista.

En su pueblo, todos eran del estilo de Eusebio... menos Anselmo. De ahí que éste fuera considerado extraordinario, fabuloso y sorprendente, lo nunca visto; mientras que el otro era del montón, no destacaba en nada, un tipo corriente como que el agua baje por un río.

La singularidad de Anselmo no pasaba desapercibida, más al contrario, era el hombre más popular del pueblo, el objeto de todas las miradas y su nombre el más pronunciado en los corrillos.
Vivía bien el tipo. Era tan torpe, como digo, que los demás, piadosos, hacían por él y resolvían por él, obteniendo como único pago una inyección moral: el sentirse normales y corrientes socorriendo a aquél ser tan necesitado por su extraordinariez.

Pero tan buena vida no iba a perpetuarse mucho tiempo. La naturaleza es listilla y tiende al reajuste para adaptar a los individuos para obtener lo mejor de su entorno, llevándolos a migrar hacia el suelo más fértil.
Eusebio determinó hacerse el tonto ¡le salió la primera competencia a Anselmo! y no fue la última.

El club de los tontos de postín crecía, y los demás no daban abasto a socorrer a tanto desvalido de mirada inocente. Tal era el crecimiento de la demanda de atención que la estupidez dejó de ser algo extraordinario para convertirse en una plaga incordiosa. Fabulosos parias, sorprendentes pedigüeños, extraordinarios ordinarios.

Un día cayó del cielo un diplodocus de 80.000 toneladas y aplastó el pueblo, acabando con listotontos, tontolistos y con el tontobobo.

FIN

Moraleja: No construyas el pueblo debajo de donde va
a caer un diplodocus de 80.000 toneladas.

sábado, 19 de abril de 2008

sobreentendido

Parte 1:
El hombre que no terminaba las frases

-Aquella mañana... ea.
-Porque ya sabrá usted que cada vez que... hnn ... ea.
-Y entonces... hnn... Y es que... ea.

Parte 2:
El hombre que terminaba las frases
-Sí, lo sé.
-Claro... Así es.
-Sí, lo de siempre... ¡y tanto!

viernes, 18 de abril de 2008

al resguardo

Al resguardo de la lluvia...

...comiendo almendras...

... esperando a que escampe.

Esto parece un post de Desde la Tienda, aunque en este caso sería Desde el Tubo de Hormigón.

jueves, 17 de abril de 2008

Caída perfecta

En una mano la cámara de fotos, en la otra un cigarro.
Como no me entra el plano que quiero sacar voy reculando hacia atrás pendiente del encuadre.
Tropiezo con un banco sin respaldo que no he visto a mis espaldas y caigo hacia el otro lado.
Lo único que ha tocado el suelo ha sido mi culo y mis codos. No he soltado ni la cámara ni el cigarro. Y tampoco me he hecho mucho daño.

La sociedad

De aquí podría deducirse que la sociedad es un cambio mútuo de servicios recíprocos. ¡Grave error!; es todo lo contrario: nadie concurre a la reunión para prestarle servicios, sino para recibirlos de ella; es un fondo común donde acuden todos a sacar, y donde nadie deja, sino cuando sólo puede tomar en virtud de permuta.
(...)
Y el gran lazo que la sostiene es, por una incomprensible contradicción, aquello mismo que parecería destinado a disolverla; es decir, el egoísmo.
(...)
Descubierto ya el estrecho vínculo que nos reune unos a otros en sociedad, excusado es probar dos verdades eternas, y por cierto consoladoras, que de él se deducen: primera, que la sociedad, tal cual es, es imperecedera, puesto que siempre nos necesitaremos unos a otros; segunda, que es franca, sincera y movida por sentimientos generosos, y en esto no cabe duda, puesto que siempre nos hemos de querer a nosotros mísmos más que a los otros.

Felizmente no se llega al conocimiento de estas tristes verdades sino a cierto tiempo; en un principio todos somos generosos aún, francos, amantes, amigos... en una palabra, no somos hombres todavía; pero a cierta edad nos acabamos de formar, y entonces ya es otra cosa: entonces vemos por la primera vez, y amamos por la última.
(...)
Mira, apartémonos; quiero evitar el encuentro de ese que se dirige hacia nosotros: me encuentra en la calle y nunca me saluda; pero en sociedad es otra cosa; como es tan desairado estar de pie, sin hablar con nadie, aquí me habla siempre. Soy su amigo para estos recursos, para los momentos de fastidio; también en el Prado se me suele agregar cuando no ha encontrado ningún amigo más íntimo. Esa es la sociedad.
-Pero observo que huyendo de él nos hemos venido al écarté. ¿Quién es aquel que juega a la derecha?
-¿Quién ha de ser? Un amigo mío íntimo, cuando yo jugaba. Ya se ve, ¡perdía con tan buena fe! Desde que no juego no me hace caso. ¡Ay! este viene a hablarnos.

Efectivamente, llegósenos un joven con aire marcial y muy amistoso.

-¿Cómo le tratan a usted?...-le preguntó mi primo.
-Pícaramente; diez onzas he perdído. ¿Y a usted?
-Peor todavía; adiós.

Ni siquiera nos contestó el perdidoso.

-Hombre, si no has jugado.-le dije a mi primo-, ¿cómo dices?...
-Amigo, ¿qué quieres? Conocí que venía a preguntar si tenía suelto. En su vida ha tenido diez onzas; la sociedad es para él una especulación: lo que no gana lo pide...


Autor: Mariano José de Larra, 1835

miércoles, 16 de abril de 2008