Sigo dándole vueltas a temas escabrosos y de
distopía.
Retrocedamos en el tiempo hasta un medievo dominado por la religión.
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Todos sois culpables, hijos del pecado, arderéis en el infierno, pero nosotros tenemos la salvación... y os la tendréis que ganar siendo fieles y mansos".Asì se ganaban la vida y el status-quo los grandes profesionales de la religión. Viviendo a costa del terror y el sentimiento de culpabilidad de las gentes llanas.
Ahora vayamos a un futuro de ficción social. El que sea conductor será consciente de la de veces que incumple las limitaciones de velocidad. Sobre todo cuando estas limitaciones son muy bajas.
Los radares se suelen encontrar en las autopistas, rara vez nos van a pillar por ir a 50 en una zona residencial limitada a 20, aunque es fácil entrar incluso a más velocidad sin darnos cuenta si salimos de una vía rápida (sobre todo si no nos ponen "guardias muertos" para obligarnos a frenar).
Otro punto de infracción multitudinaria son los tramos de autopista donde de limitación de 120 se pasa a 90 durante un par de kilómetros. Casi no merece la pena reducir, o la gente reduce tarde.
Adelantamientos por la derecha cuando hay mucho tráfico (sin llegar a estar retenido)...
¿Qué pasaría si los propios vehículos incluyeran su propio GPS y caja de registro? Sería la misma idea de un Dios omnipresente que no se pierde ni uno solo de nuestros pecados. Esa caja registraría todas las infracciones que cometemos a lo largo de nuestra vida, e interpretadas estrictamente y acumulándolas podríamos perder todos los puntos del carnet o incluso ir a la cárcel.
Creo que aquí no se salvaría casi ningún conductor habitual y esto es lo interesante del asunto: lógicamente un gobierno no puede arremeter contra la mayor parte de su población, no daría abasto para un delito generalizado, pero sí que puede usar ese delito para machacar selectivamente a aquellos indivíduos que le resulten molestos, porque se opongan al régimen, porque supongan una competencia o porque protesten demasiado. Así mismo puede usar estos datos para realizar castigos aleatorios ejemplificantes para el resto de la población.
De este modo tenemos un Estado con libertad de expresión, pero un Estado que dispone de un mecanismo para quitar de en medio a quien use esa libertad de expresión de forma "inconveniente". Lógicamente nunca se le diría al sujeto ni a la opinión pública que se detiene a alguien por su actitud o sus ideas, sino porque es un delincuente: se ha revisado la caja de registro de su vehículo y en los últimos años ha acumulado una cantidad astronómica de infracciones (como si registran la caja de cualquier otro conductor). Esto le supondrá la ruina: le quitarán todo su dinero, embargarán sus bienes, se le destruirá su medio de vida... después de todo esto no es necesario enviarle a prisión, esa persona está acabada, en la calle y endeudada con el Estado.
Para aumentar el número de delincuentes, se estudiaría la colocación de las señales de velocidad en base a estudios estadísticos de probabilidad de infracción, creando numerosos puntos trampa donde de seguro la mayor parte de los conductores caerán. Así, todos pecadores, todos con algo que penar llegado el momento.
Es la misma base que en las religiones y las sectas radicales: eres un delincuente, te tenemos pillado... pero haremos la vista gorda si colaboras y acatas todo lo que te digamos.
Una especie de 1984 de Orwel donde unos pocos controlan a "unos" muchos. El arma de poder de los que controlan es que disponen de todos los datos de los que deben de obedecer y usan esos datos de forma selectiva para castigar a quien se niegue a aceptar el orden dictado.
El siguiente paso del proceso es directamente alterar esos datos a conveniencia. Como el vigilado no puede vigilar al que vigila, el que vigila puede tranquilamente insertar en la caja de resgistro de cada ciudadano todas las infracciones que necesite para quitar de en medio a la persona deseada. Si alguien intenta meterse por medio también será revisada su caja de registro (e incluso manipulada si es necesario) y hará compañía en la desgracia a su amigo.
Cuando te llega una multa con la foto y la velocidad marcada por el radar siempre te puedes preguntar: ¡y qué fácil sería para ellos, si se ponen de acuerdo, hacer figurar el numerito que les diera la gana! (aunque de momento no se ha dado el caso)